Balas perdidas I: La inocencia del nihilismo

Dan comienzo sus andaduras comiqueras en la editorial Valiant co-creando personajes como Shadowman; se unió a Defiant y su editor Jim Shooter para la serie Warriors of plasm. Harto y cansado de la mala experiencia, decidió abrir su propia editorial junto a su mujer: El Capitán Books. Balas perdidas llegaría al mundo y se consagraría con el premio Eisner en 1996 en la categoría Mejor autor completo y posteriormente Mejor novela gráfica. Mientras esta historia iba en alza, David Lapham trabajó como free-lance en grandes cabeceras de Marvel (Deadpool) y DC Comics (Batman: detective cómics), a su vez que invencionó las potentes obras que son Young liars o Mátame (La Cúpula, 2005).

Título original: Stray bullets: Innocence of nihilism
Traducción: Francisco Pérez Navarro
Rotulado: Iris Bernández
Diseño de cubierta: Andrés Salvarezza
Edición: Rústica con solapas, remasterizado en 2018, La Cúpula


David Lapham se despliega en la mejor tradición de las películas negras de los años cuarenta: hay intrigas, violencia, pasiones apagadas y vicio puro por las drogas. Muy a lo europeo, el mayor acierto en lo gráfico es su dominio y mezcla de negros y blancos para representar expresiones y sentimientos. En el retrato de sus personajes destaca cómo se toma el tiempo necesario para presentarlos, esbozarlos y describirlos en una narración que va aumentando las revoluciones hasta detonar a máxima velocidad.

Aunque el estilo de este cómic es más realista, terrenal y de una ficción que roza cada carretera de nuestras ciudades, no ha podido no recordarme al estilo criminal de Raymond Chandler (El sueño eterno; Adiós, muñeca, Alianza editorial) o Dashiel Hammett (El halcón maltés; El agente de la Continental (mejor historia negra de la revista Black Mask), Alianza editorial). Balas perdidas es un drama sintonizado en serie negra sobre personas que, básicamente, se putean entre sí. Los relatos que forman el volumen son autoconclusivos, con sus escenarios, sucesos, tono narrativo y personajes. Pero lo mágico de David Lapham es que vistos en conjunto, cada uno de esos textos son un retrato de una trama en la que todos los protagonistas se rigen entre ellos con continuos cambios de perspectiva y una narración prudente.

Vistazo número a número

La medida del amor, #1. Frank, avezado en su oficio, y Joey, un joven inexperto, conducen en la noche con un cadáver en el maletero. Joey cree haberse enamorado de esa chica y, aun estando muerta, sigue llorando su pérdida.

Represalias, #2. La pequeña Virginia ha visto cómo dos hombres dan una paliza hasta llegar a la muerte a un hombre nada más salir del cine. Le provoca estrés post-traumático y quizá le lleve a desatar su lado oscuro y violento en el futuro.

La fiesta, #3. Un joven ladrón que se llama Led acabará en una fiesta con la intención de darse a conocer a Harry y unirse a su banda. Puede que el gran líder matón nunca aparezca y esté ahí en vano. Al menos tendrá que ir en busca de más cerveza.

Bonnie & Clyde, #4. Una niña hace autostop tras huir de su casa. El hombre que la recoge le ofrece ser su cómplice y promete enseñarle a ser muy mala. Entre cigarrillos y kilómetros, la pequeña dará su primer y diminuto golpe.

La furgoneta, #5. ¡Cuidado! Un paseante ha quedado hecho añicos tras ser atropellado. Orson se queda paralizado, ve al asesino y, de repente, se le presenta una mujer llamada Rose. ¿Casualidad? Já… Pobre Orson. ¡No sabe dónde se está metiendo!

Así pasé mis vacaciones de verano…, #6. Atención, atención. ¡La máquina de la verdad está en su máximo esplendor! El cerebro de Amy Racecar está en coma y lo que enseñará a la pantalla no será apto para cualquier americano… ¡Sin contar con que están a punto de presenciar el nacimiento de una nueva criminal! ¿Quién se atreve a disparar primero?

¡Libertad!, #7. Los problemas maternales son difíciles de no tener. Si encima tu padre está al borde de la muerte, ¿qué coño harás con esa rivalidad?

Una secuencia violenta

No llegamos a conocer a Harry en la historia, pero todos los hechos se rigen por él. Cada delincuente, formado o iniciado, vive por y para complacer a este jefazo del crimen. Niños inocentes que ven la maldad, el sexo y las drogas en primer plano, acaban llenos de odio y desdicha. Víctimas del bullying, del rechazo, de ver muerte y locura continuamente, no hará más que perturbarles la mente. Malas compañías que no son capaces de rechazar, iniciación a las drogas o pillar a tu madre teniendo sexo, desemboca en las tareas contaminadas de los secuaces del omnipresente Harry. La evolución violenta, macarra, nacida del odio y el descaro vivido en la infancia y adolescencia, estará presente en toda la obra. La maldad del ser humano, de los que te rodean incluso, está más corrompido de lo que se ve. En las calles ocurre más de lo que vemos. O de lo que queremos ver. Algunas de esas cosas son irreversibles. Y en estas historias tenemos un vivo retrato de todo eso. De gente a punto de perder el control y de ser capaz de hacer daño a quienes les rodea por un puñado de pasta extra en sus bolsillos. De cuando el tiempo se ralentiza y todo lo que te rodea te pesa e intentar calibrar y determinar qué coño está pasando.

¿Se podría tomar como un manifiesto, como un grito hacia la falta de apego y cariño de la gente que te rodea? Sí. De hecho, creo que justamente es eso lo que David Lapham busca con esta serie negra. Y lo podemos ver en cómo estos personajes son olvidados por su propia madre a la que le importa más pasar el rato con desconocidos, drogándose o pasándoselo de muerte entre botellas de whiskey. Egoísmo puro y duro. Destrucción hacia lo que no se puede llegar a tener o alcanzar. Y es que Balas perdidas es ese tipo de narración inteligente y sutil, que te deja frentes abiertos para que tú mismo reflexiones sobre los lazos afectivos y te deja con el cómo sería estar al margen y a punto de cruzar la línea más tóxica que hay en lo más profundo de tu ser.

Space Riders de Fabian Rangel Jr. y Alexis Ziritt

¡Bienvenidos a la galaxia!

Desde su núcleo hasta los cuadrantes exteriores, hay un nombre que provoca terror en cualquier corazón malvado: los Space Riders.
El capitán Peligro y su nueva tripulación navegan por el cosmos en su terrorífica nave Santa Muerte. Juntos imparten justicia con mano dura y persiguen los secretos más antiguos y prohibidos del universo. Pero conforme su viaje avanza, una fuerza maligna está acumulando poder, ¡y a la tripulación de los Space Riders les toca patearle el culo y partirle la cara! El capitán Peligro junto a Mono y Yara deberán mantener a salvo el cosmos en un emocionante viaje espacial que te reventará la cabeza y te meterá de lleno en una odisea cósmica alucinógena. ¡Pelea sucio y dispara primero, tripulante galáctico!

¡Menuda brutalidad! Las páginas de Space Riders nos meten de lleno en un universo lleno de aventuras, con un lenguaje macarra y una trama que fluye solita. El guionista Fabian Rangel Jr. nos lleva por las andanzas del capitán Peligro que surca el espacio y va en busca de liarse a hostias con los villanos del cosmos. Su esencia clásica, que recuerda a historias pulp de los años setenta —también a Lobo, personaje del Universo DC—, se va convirtiendo en una provocación espacial con conceptos venidos directamente de Jack Kirby y acción a raudales que te dejará dentro de una odisea cósmica alucinógena. Si tenemos que encasillarlo, lo hacemos como una obra de ciencia ficción dentro de la space opera: batallas espaciales, melodramatismo, armas futuristas, épica desorbitada, psicodelia y alucinaciones. Aquí encontraremos motoristas espaciales, seres cósmicos, magia, infinidad de planetas… Un espacio nuevo lleno de vida que se aleja de los cánones actuales del cómic. En el arte visual tenemos a Alexis Ziritt, que usa colores vibrantes, un fondo sucio y oscuro y una narración visual que abruma, que recoge galaxias llenas de estética punk-metal y muy ácidas. La información que nos proporcionan los dibujos es tan extensa y definida que más de una vez tendremos que tomárnoslo con calma y observar los detalles más pop-art en una suciedad llena de colores intensos, de mezclas de púrpuras, verdes y azules que te harán salivar. Si echamos un vistazo al guion de Fabian, vemos que sabe a qué viene y qué quiere en su obra: una narración simple, atípica y divertida, con rápidas presentaciones de los personajes para entrar en acción lo más rápido posible y seguir las hazañas de estos policías galácticos que se irán mezclando con villanos, dioses enormes simbolizados en cuerpos de animales, hechicería y muchas estrellas que recorrer. Para colmo podrían ser la versión macarra de los Green Lanterns y convertir sus anillos en pistolas galácticas para freír a sus enemigos.


Gigamesh va metiéndose en el mundo del cómic poco a poco, sin prisa, trayendo obras de un nivel altísimo y por las que nadie se ha atrevido a arriesgar.


El segundo volumen, Galaxia de la brutalidad, avanza de manera independiente mientras que sigue los pasos de su número anterior: volvemos a tener la oportunidad de conocer más a los personajes, ahora dispersos, que irán reuniéndose en la Santa Muerte conforme avanza la trama y con un dibujo de Ziritt destinado a convertirse en empapelamiento para las paredes. La acción es tan frenética e impecable, sin apresurarse, con splash pages y double splash pages explosivos y repletos de colores neón muy atrevidos, que te dejarán los ojos enloquecidos y que te devolverán a la estética punk. Por otro lado, el guionista ofrece nuevos conceptos como la tormenta cósmica o arpías mutantes que desgarrarán al capitán Peligro y enseñarán un ilustre subespacio dimensional con múltiples capas. Space Riders vuelve a atropellarte de manera digna tal como lo haría un tren de carga y te deja con una nueva dosis de psicodelia tecnicolor y un universo que está siendo amenazado.



Admito la dificultad que es resumir esta grandísima obra sin caer en destripamientos; ni siquiera le hago justicia a esta genialidad que leí hace unos días. Capitán Peligro es un cabrón de la hostia y Mono es un babuino religioso que intenta limpiar su alma, pero eso no le impide seguir derramando sangre. Menudo duo. Es absurdamente divertido verles juntos liándola por las mismísimas estrellas y cómo interaccionan entre sí con una audacia en los diálogos digna de leer.
Esta es la historia de cómo sería una epopeya espacial llena de belleza, de un caos hermoso, malditamente alucinante, vibrante y expresiva.

Transmetropolitan de Warren Ellis

Con el presente 37 Comic Barcelona se celebraron las tradicionales presentaciones de novedades de la editorial ECC para España. Para sorpresa de muchos, su última bomba anunciada es la nueva edición de la obra de Warren Ellis (Orbitador, Hellblazer): Transmetropolitan. De esta nueva edición se conoce que será en cartoné con un total de cinco tomos de publicación bimestral los cuales contendrán montones de extras y se empezarán a poner a la venta el día siete de mayo de 2019. El primero de estos tomos cuenta con 336 páginas a color y saldrá a la venta por un precio de 31,50€.

 

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Nueva edición de Transmetropolitan.

 

En la Caverna del Lector hemos querido aprovechar esta gran noticia para hacer un repaso por todo Transmetropolitan, que no solo es una narración divertida, si no que también es una serie imprescindible que tiene como telón de fondo el mundo actual y al cual se critica y parodia. Así que, en colaboración con Dragonas fantásticas del blog Feminismo y dragones, os dejamos nuestro humilde análisis a continuación. 

 

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Edición original: Transmetropolitan USA
Guión: Warren Ellis
Dibujo: Darick Robertson
Formato: Actualmente en rústica a color.

 

Transmetropolitan nos narra la vida de Spider Jerusalem, un periodista drogadicto, salido, violento e incoherente en ocasiones pero, a pesar de todo, brillante. Tras escribir un best seller Spider se hace rico y famoso, cosa que no le gusta nada y se retira a vivir a la montaña donde pasa sus días drogándose y disparando a cualquier cosa que se acerque a su puerta. La historia comienza cuando el antiguo editor de Spider le recuerda que firmó un contrato para la publicación de dos libros y que le pagó por adelantado, por lo que tiene que volver a la ciudad a escribirlos y aquí entra el auténtico protagonista de la historia. Pese a que la trama gira alrededor de Spider, todo se enmarca en la ciudad: futurista con incontables culturas, religiones, grupos étnicos, depravaciones, drogas, modificaciones genéticas, ordenadores mafiosos, caos, violencia policial, suciedad por doquier y publicidad hasta en tus sueños; sexo y prostitución en cada esquina con todas las variantes más asquerosamente inmorales que puedas imaginar. En algunos puntos de la historia se habla de elementos que hacen que la pedofília parezca un asunto completamente decente comparado con lo que te están narrando. A pesar de su reticencia a volver, nuestro protagonista ama a la ciudad, pero también la odia porque a pesar de todos sus defectos, a pesar de ser un loco violento predispuesto al sexo desenfrenado con cualquier cosa que se mueva, a esnifar cualquier objeto y a disparar a todo aquello que no entre en las dos categorías anteriores. Spider tiene moral, una moral extraña, cierto, pero a grandes rasgos intenta hacer el bien. El problema es que la ciudad es enorme, diversa, está llena de mal y sus únicas armas son la palabras, pues hay un límite a lo que puede conseguir un sólo hombre con una pistola, pero no a lo que puede conseguir un sólo hombre con un teclado.

A lo largo de los primeros capítulos de este cómic vemos cómo poco a poco nos introducen la urbe alternando los momentos violentos y sexuales con escenas cómicas y páginas que de improviso nos incitan a una profunda reflexión. Este es uno de esos contrastes que hacen de Transmetropolitan un gran cómic: juega con los saltos narrativos y descoloca al lector. En algunas tiras de viñetas  quieres pegarle al protagonista y dejarlo tirado en la acera mientras un perro le orina en la boca, y, en el siguiente, te preocupas por su integridad física y te maravilla su astucia y sentido de la justicia. En este aspecto Spider Jerusalem es un tipo que ocupa el fondo y el primer plano como el mismo núcleo urbano; ambos son sucios, corruptos, caóticos y desenfrenados, pero en ambos puedes encontrar sutileza, compasión, belleza y justicia. Tras unos capítulos introductorios en los que conocemos la ciudad, sus habitantes y a las ayudantes de Spider comienza la auténtica trama, siendo una localidad tan corrupta como la que nos presentan, no podía salvarse la presencia de que en la imaginación colectiva se encarna la corrupción; dicho de otro modo, la política.

Aunque en un principio el personaje principal no quiere cubrir las elecciones porque ese hecho fue lo que le obligó a exiliarse anteriormente, finalmente cede porque al fin y al cabo, ¿qué es lo primero que haría un periodista medio loco con aires de grandeza y ganas de cambiar el mundo tras regresar a la ciudad? Si ese justiciero fuese Spider, seguramente iría a probar todas las nuevas drogas que hayan salido, pero después del colocón. Y eso es lo que hace nuestro principal guía: irá tras el cuello del mayor cabronazo que pueda encontrar, que a menudo suele ser el presidente de los Estados Unidos. Tras una serie de eventos veremos cómo se embarca junto a sus ayudantes en su Watergate particular para derrocar al gobierno y limpiar un poco de basura en los barrios.

En cuanto al dibujo y al guion de esta serie de cómics están muy bien equilibrados. Encontramos numerosas panorámicas que reflejan la diversidad del mundo creado en los momentos de transición entre escenas mientras que la capacidad del dibujante para variar las expresiones de este loco periodista es sorprendente ya que es capaz de mostrar un personaje que infunde miedo y respeto a la vez que un pelele drogadicto en la próxima viñeta. Por otro lado, este escenario colorido contrasta con oscuras páginas que nos enseñan la cara mugrienta de los distritos; entretanto el guión nos narra el siempre cínico análisis que el conflictivo reportero hace de ese vertedero llamado hogar.

 

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Los diálogos y el guion permiten que la historia fluya de manera natural aunque en ocasiones presente altibajos ya que muchas veces aparecen páginas sin apenas texto y cuyo dibujo no expresa gran cosa y en las siguientes se amontona toda esa ausencia de palabras. Si tuviera que sacarle un defecto al guion, sería que en los primeros números se tarda en entrar al hilo argumental y pasamos varias páginas sin saber exactamente cuál es el argumento del cómic y que los diálogos que pretenden transmitir esa porquería que impregna la sociedad que han creado son excesivamente soeces. Puede parecer paradójico, pero una vez nos has dejado claro cómo de obscenos son los personajes de la obra, no es necesario que se fuerce una retahíla de tacos en cada escena porque eso hace que algunos momentos que deberían resultar chocantes no lo sean, pues el tono agresivo que predomina en esa secuencia de acción en realidad es el que vemos durante todo el cómic. Pero ese fallo se compensa con los momentos de reflexión, la profundidad de los pensamientos que tiene el elenco de personajes, que nos invita a replantearnos cómo vemos la vida. La calidad de la pluma de Warren Ellis es tan exquisita que merece la pena haber leído el cómic sin tener en cuenta sus pequeños fallos.

A decir verdad, en este tebeo encontramos una gran variedad de mensajes y críticas; innumerables críticas a la religión y a la corrupción política, al machismo, al capitalismo y a la economía. Pero si hay una crítica que quisiera destacar, un único mensaje que me impactó de su lectura es que la tecnología no arreglará nada. La ambientación que nos presentan en Transmetropolitan es una lugar con un nivel de tecnología casi utópico. En las páginas de la historieta se afirma que siguen siendo una civilización de nivel 0 (aquella que usa la energía disponible solo en su planeta), pero la cantidad de inventos y prodigios que abundan son indescriptibles.

Todo es un caos y es imposible seguirle la pista a todos los avances tecnológicos que hacen día a día mas en términos sociales sólo basta decir que la modificación genética es el pan de cada día, los niños nacen siendo inmunes a prácticamente todas las enfermedades posibles. Algunos ejemplos de esta tecnología serían cómo el protagonista obliga a cada una de sus ayudantes a fumar tras darles una pastilla, que las vuelve inmunes al cáncer, que en cada casa hay un dispositivo capaz de manipular la materia a nivel atómico para crear cualquier cosa que le pidas y que, cuando se gasta algo, solo tienes que salir a la calle, recoger basura y arrojarla dentro del manipulador de materia para que exista nuevamente. Literalmente se manipulan los átomos de la basura para crear comida, entre otros casos. Y aún así la desigualdad continúa existiendo: hay niños que se prostituyen, cadáveres en las aceras, pobreza e inmundicia en las calles. La miseria humana conviviendo con una tecnología que parece magia y nunca da resultado. Ese es el auténtico mensaje de Transmetropolitan.

 

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En los últimos tiempos los humanos hemos sustituido la religión por la tecnología. Creemos que si avanzamos lo suficiente, todo lo demás se resolverá por sí sólo; si conseguimos energía limpia, no habrá gente sin acceso a electricidad; si modificamos los cultivos y potenciamos la producción, nadie pasará hambre; si desarrollamos la industria, todo el mundo tendrá trabajo y no le faltará ni techo ni dinero. Pero la cruda realidad es que, a día de hoy, se produce suficiente energía para toda la población, suficiente comida para alimentarnos a todos y hay medios suficientes como para que a nadie le falte un hogar. El desarrollo de la tecnología cambia el mundo, es cierto, pero no importa cuántas cosas cambien o cuántos avances tecnológicos logremos porque mientras no cambie nuestra forma de pensar seremos incapaces de usarlos para el bien: usaremos la energía limpia para crear grandes plantas donde construir armamento, los avances en alimentos para acaparar y especular con ellos, la inmunidad a las enfermedades para crear otras nuevas, las modificaciones genéticas para probar todo tipo de drogas y no tener resaca o las posibilidades de alterar el cuerpo humano para satisfacer los deseos sexuales más repugnantes. Y siempre hemos buscado soluciones a esos problemas sin fijarnos en el patrón común: nosotros.

Da igual que un loco periodista se deje el culo para destapar una injusticia o un escándalo de prostitución infantil porque siempre habrá algo complicado que debe salir a la luz, porque, aunque la ciudad cambie, el humano no. Y hasta que no cambie la forma que se tiene de ver el mundo, hasta que no se mida la vida en términos de solidaridad y no en términos de competición, siempre ocurrirán las desgracias que todos conocemos y que nadie le pone remedio. El mensaje de Transmetropolitan se reduce a esto: el mundo cambia a diario, pero la humanidad sigue estancada en su vileza y cuanto más tiene, más cruel y fría se vuelve. Por suerte, siempre habrá también otro periodista loco que intente arreglar las cosas. 

Héroes en Crisis de Tom King, Clay Mann y Tomeu Morey

 

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Título original: Heroes in Crisis núm. 1 USA
Traducción: Guillermo Ruiz Carreras
Guión: Tom King
Dibujo: Clay Mann
Color: Tomeu Morey
Editorial: ECC
Edición: Grapa, a color

 

Harley Quinn y Booster Gold se encuentran en una cafetería; este está tomando un café y esta se pide un trozo de tarta para acompañarle. El pánico se empieza a avivar en el establecimiento.
Batman, Superman y Wonder Woman investigan un crimen en el famoso Santuario. Se dice que a este lugar se acude cuando se necesita terapia psicológica  y así curar el trauma y el sentimiento más terrorífico del alma.

 

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La narración que nos ofrece Tom King vuelve a ser fluida y brutal. Esta vez sus escritos se basan en los sentimientos de los héroes, que abrirán sus corazas y mostrarán todo sentimiento que les abruma. La trama va a afectar a todos los personajes presentes y parece que también al futuro de ellos y nos expone un inicio dinámico y repleto de fuerza narrativa. Es, sin duda, un hilo argumental que florece a través de la tragedia y con una habilidad escrita muy excitante.

Mann y Morey llenan las páginas de una narración visual llena de colores nítidos y llenos de luz, con un realismo y unos primeros planos impregnados de contrastes y pequeñas pinceladas sutiles.

Nuevamente Tom King pone un inicio correcto centrado en los miedos y obsesiones que corren alrededor del crimen producido en el Santuario, un lugar destinado para reflexionar y sanar; un nuevo evento que reúne coherencia, intriga y a los iconos de DC para dejar con ganas de saber más sobre este nuevo hilo narrativo.

 

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La revista de ECC: la editorial de DC Comics en España

Se abre la sesión con un breve artículo de la mano de Bruno Lorenzo, uno de los que forman la sección de prensa y comunicación de la editorial ECC. En él, se nos habla del proyecto que se traen entre manos: con meses de preparación, esta revista tiene como labor dar un paso más en el acercamiento hacia los lectores. Un complemento ideal que mezclará la labor editorial en web y redes sociales con una publicación mensual. Y este primer número sale al jugoso precio de 0,50€. 

El plan editorial para los primeros números de esta nueva apuesta será introducir preludios de dos de las historias más esperadas y ya publicadas: Liga de la Justicia: Sin justicia y El Hombre de Acero -debut del guionista Brian Michael Bendis en la franquicia Superman-, entre otras, además de novedades mensuales, futuras franquicias, entrevistas y, entre otros desafíos, concursos.

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Título original: DC Nation núm. 0 USA (extracto Liga de la Justicia: Sin Justicia), Action Comics núm. 1000 USA (Extracto El Hombre de Acero)
Guión: Brian Michael Bendis, James Tynion IV, Joshua Williamson, Scott Snyder
Dibujo: Jim Lee, Jorge Jiménez
Edición: grapa de 48 páginas

En el interior de este número encontramos los extractos ya mencionados: Liga de la Justicia: Sin justicia y Action Comics núm. 1000 USA: El Hombre de Acero, ambos con su información de publicación: una breve sinopsis de los arcos argumentales, formatos disponibles junto a su edición, número de páginas, número de publicaciones y precios.

En las siguientes páginas encontramos un artículo de tres páginas que gira entorno a la trayectoria, ideas e información de la novela gráfica V de Vendetta, que es escrito por Iván Galiano. A este artículo le sigue una entrevista a David Lloyd para comentar la génesis de dicha historieta a la vez que su aportación al sello Vértigo y sus proyectos personales. Esta entrevista se presenta bajo el titular: ”V de Vendetta salió tan bien porque podíamos pensar, experimentar y planear más.”

 

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Pasamos página; llega la hora de las novedades de noviembre y los más destacados de este mismo mes: Superman: 80 años de Superman, Wonder Woman/Conan, El Jefe es una Onee o Batman: Noel en edición Deluxe y cuya reseña podéis leer pinchando aquí, y solo son algunas de las propuestas elegidas, más esperadas y que aparecen en página acompañadas de su información técnica para esta zona de la revista. 

Llegamos al final de la sesión, su última página, y encontramos una introducción a las aventuras de Aquaman: novelas de Peter David, Geoff Johns o Dan Abnett son algunas sugerencias para tener el primer contacto con el rey  de Atlantis. 
Cerramos la sesión; vemos la contraportada: se crea mediante una guía de lectura, en este caso, del Batman de Scott Snyder.

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Batman: Noel de Lee Bermejo.

 

¿Merece la pena la nueva propuesta de ECC?
El veredicto es…

¡Sí!

Si te gusta el cómic, si te gusta la editorial DC y sus diferentes sellos, si te gusta estar al día de lo último de la casa de La Liga de la Justicia, si te gustaría comenzar a leer cómic y no sabes por dónde empezar… Esta revista es una gran iniciativa para todo ello.
La idea de poner en la portada trasera una guía de lectura visual ha sido una decisión muy buena que espero que se vea en futuras entregas por el acercamiento a nuevos arcos argumentales que deja; ayudará a nuevos lectores, a los no tan nuevos que se pierden en este suculento infierno de miles de publicaciones que no tienen pausa, o a los que tienen una memoria de pena para memorizar tanta línea argumental (claro ejemplo yo) y necesitan que se lo repitan continuamente. ¡Para los de siempre, para los de nunca, para todos!

Una determinación digna de guión. Una propuesta que sin duda cumple con lo prometido. Una manera fácil de conocer y descubrir los títulos más esperados de DC en España. Un número 1 que planta la raíz de futuras entrevistas, novedades, artículos e información de una manera excelente.