El lingotazo (Mil novecientos y algo I) de Sergio S. Morán

 

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Insólita Editorial
Ilustración de cubierta: Fran Mariscal Mancilla
Corrección y maquetación: Insólita Editorial
Fotografía del autor: Silvia Mollat
Edición: Rústica con solapas
Cómpralo con 5% de descuento en Librería Cyberdark

 

DEL AUTOR DE
EL DIOS ASESINADO EN EL SERVICIO DE CABALLEROS Y
LOS MUERTOS NO PAGAN IVA.

 

Península Ibérica, mil novecientos y algo. Hispania y Lusitania, con las arcas vacías y las Indias revueltas, deciden unirse en un solo reino de dos tronos fundando el Birreino de Hisperia. En él, la Inquisición cohabita con las criaturas mágicas, los galeones dejan paso a los poderosos barcos de vapor y los dirigibles surcan los cielos que hace siglos pertenecieron a los desaparecidos dragones.

Izal Aguilar, una joven proveniente de un extraño pueblo aztéxica, capaz de convertirse en colibrí y de hablar con las aves, emprende un para encontrar a su madre. Por el camino conocerá a Félix, un mecánico norteño muy sonriente, y a Lucas, un poeta que se dedica al periodismo. Siguiendo la misma ruta hallarán un lingotazo de oro adherido a una cantidad bestial, y desagradable, de sangre. Para colmo, un asesino les seguirá la pista mientras recorren Hispania por autobuses, barcos, dirigibles pirata y taxis para poder responder a la pregunta de «¿a cuántos muertos equivalen ocho kilos de oro?». Conoceremos los dos reinos que forman a esta peculiar península, el Birreino de Hispania, que se han unido políticamente aun teniendo su independencia económica. En estas tierras hispanas nos toparemos con un fuerte comercio colonial de los puertos marítimos y con el oro y la plata que administra el Consejillo de Indias, rasgos que nos recordarán a la Edad Dorada de la España de antaño. Como curiosidad, la magia empleada a lo largo del texto es una disciplina que convive y comparte datos con la ciencia, y, evidentemente, sus conocimientos se imparten en la Universidad. 

A rasgos generales cabe destacar la utilización del motor a vapor o el uso de dirigibles piratas y aéreos junto al empleo de coches de caballos. Al paso de las páginas veremos una pluma humorística que se pugnará con la agilidad y la simbología para desembocar en una crítica que nos hará reflexionar más de lo que creíamos al principio de todo este embrollo.

Que tiene elementos utilizados anteriormente es cierto, pero este libro nos ofrece una originalidad que se derramará en ideas muy personales y propias en cada capítulo; un humor perspicaz, repleto de acción y de misterios paradójicos.

Expediente Lindelof: De Perdidos a Watchmen

Gracias a la editorial Dilatando Mentes vamos a poder disfrutar del nuevo libro de Xavi Torrents Valdeiglesias, que será un repaso a las series Perdidos, The Leftovers y la reciente Watchmen.

En esta obra el autor se embarcará en un viaje filosófico, de puro entretenimiento e imaginativo por las creaciones de Damon Lindelof para reflexionar y hablar sobre sus tramas, sus personajes y sus entresijos, haciéndonos entrar en el mundo de estas grandes y queridas ficciones televisivas.

expediente-lindelof-Consigue tu ejemplar hasta el 26/01

Colección: Línea Paraíso Perdido
Maquetación, edición y corrección:
Dilatando Mentes Editorial
Portada:
Octavi Segarra

Ilustraciones interiores: Aine
Fotografía: Dani Morell

Prólogo: Javier J. Valencia

Adelanto de lectura

 

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La Marina de Efímera

Juan F. Valdivia se une al catálogo de Ediciones El Transbordador para narrarnos una historia de fantasía oscura y de aventuras marítimas donde conoceremos a Asbaros Mistraquiis, el capitán en La Marina de Efímera, quien más tarde intentará comandar un buque de línea. En el puerto aparece un horror que hace peligrar la ciudad y, en una misión complicada y con riesgo de muerte, Mistraquiis embarca en una galera modificada y zarpa hacia la pesadilla miestras es el capitán de una tripulación cuanto menos curiosa: distorsionadores de La Universidad, prelanes expertos en carnofactura de La Catedral, miembros de La Liga de patronos y relojeros de El Campanario maestros en distorsionar el ritmo de La Canción.

 

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La edición de esta novela tan prometedora nos llegará en rústica con solapas, una longitud de 362 páginas y con ilustración de cubierta e interior a cargo de Manuel Gutiérrez. Además, contará con Ferrán Varela (El Arcano y el Jilguero, La Danza del Gohut) a cargo del prólogo. Para disfrutar de su lectura tan sólo tenemos que esperar al día 8 de noviembre.

 

A continuación, tenéis la sinopsis oficial que nos ofrece la editorial:

Pese a su juventud, la valentía y arrojo de Asbaros Mistraquiis le ha permitido destacar como capitán en La Marina de Efímera. Tras su último éxito va a recibir un ascenso muy esperado: comandar un buque de línea. Pero justo antes de que su nombramiento se haga efectivo un horror viviente atraca en el puerto. La ciudad está en peligro, y recurre a su joven promesa para hallar una solución. A bordo de una galera modificada, y en una misión casi suicida, Mistraquiis zarpa rumbo a lo desconocido, hacia una pesadilla con una capacidad de destrucción nunca antes vista. Mistraquiis se halla al mando de una extraña tripulación que le ha sido impuesta, formada por representantes de varias facciones antagónicas: distorsionadores de La Universidad, prelanes de La Catedral expertos en carnofactura, miembros de La Liga de patronos y relojeros de El Campanario, maestros en la distorsión del ritmo de La Canción. De la habilidad de Mistraquiis depende no sólo detener la amenaza que pende sobre la ciudad, sino lograr que una tripulación dotada de poderes que escapan a su comprensión colabore entre sí.

 

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Preventa Dirty Works: Sobre el fuego de Larry Brown

Tan sólo quedan tres días para que la preventa del nuevo título de la editorial Dirty Works, Sobre el fuego, llegue a su fin. Con la reserva de tu ejemplar, tendrás premio: el ejemplar vendrá acompañado de una ilustración de portada (papel Dalí Blanco 360 gr, 150mm x 150mm) firmada por el artista más un regalo sorpresa, el cual elegirán las manos de la editorial con gusto.

La edición de Sobre el fuego de Larry Brown llega a España con traducción de Javier Lucini, formato en tapa blanda (210 mm x 140 mm) y con una extensión de 176 páginas.

 

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«Poderosa e intensa. Un testimonio sobre la familia, el coraje y el trabajo duro. Una notable adición a la literatura obrera. Puede que no sea el primer libro escrito por un bombero, pero es uno de los mejores.»
Kirkus Review

«En los asuntos del corazón, Larry Brown siempre nos conduce hasta el núcleo abrasador y nos trae de vuelta –en ocasiones un poco escaldados y chamuscados–, pero de vuelta al mundo respirable, vivos y alterados para siempre.»
Ron Rash, autor de Saints at the river.

OBRAS DE LARRY BROWN EN DIRTY WORKS

 

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Traducción de Javier Lucini
Tapa Blanda, 210 mm
x 140 mm
174 páginas
Ilustración firmada por artista incluída

 

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Traducción de Javier Lucini
Tapa Blanda, 210 mm x 140 mm
380 páginas
Ilustración firmada por artista incluída

 

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Traducción de Javier Lucini
Tapa Blanda, 210 mm x 140 mm
240 páginas
Ilustración firmada por artista incluída

Relato finalista del I Certamen de narración Luminaria

El I Certamen de narración Luminaria, que se celebró en el Festival Luminaria los días 20, 21 y 22 de septiembre, nació bajo la sencilla premisa de ”contadnos un cuento. Se pidieron historias de ciencia ficción, terror y fantasía que estuviesen llenas de originalidad y talento. Los finalistas, en igualdad de condiciones, fueron los siguientes: Tony Jim Jr. con Asalto al banco, Sergio Mullor con La selva y Laura S. Maquilón con Otra carrera de Alonso que no acaba bien.

Como muchos sabréis, en el blog La Caverna del Lector tenemos el honor de contar con los relatos de Sergio Mullor, más conocido por ser el Elfo Solitario, quien se encarga de las entrevistas literarias de Caja de Letras y quien da sus opiniones sobre las novelas que lee en Twitter. Además, en este mismo blog, le podéis encontrar en varias reseñas como El Largo Viaje a un Pequeño Planeta Iracundo de Becky Chambers o Los Ojos Bizcos del Sol: Transcrepuscular (I/III) y Antisolar (II/III) de Emilio Bueso donde se encarga de analizar Antisolar.

Así, nos es grato presentaros La selva, el relato finalista en el I Certamen de narración Luminaria, un cuento ambientado en la península de Yucatán durante la colonización española, lleno de aventuras, weird y un ritmo de infarto.

 

una historia de

 

Acérquense, vuestras mercedes. Y escuchen la historia que voy a narrar, porque los hechos que me acontecieron son dignos de la mayor de las atenciones. Mas no se queden de pie, tomen asiento y dispongan, por ventura, una jarra de vino, pues es menester que mi seca garganta se remoje para poder dar comienzo al relato. Porque aunque me crean un pobre viejo loco, desesperado por un trago, lo que me dispongo a referir no es cosa baladí, ni fruto de un desvarío. Tan cierto es que sucedió, como que el sol volverá a salir por la mañana.
Corría el año de Nuestro Señor 1517. Aqueste humilde servidor habíase enrolado a las órdenes de Francisco Hernández de Córdoba que, por orden del gobernador de Cuba, Diego Velázquez de Cuéllar, acometía la primera exploración en tierra incógnita. Tres navíos y más de una centena de hombres nos adentramos en lo que bautizamos como Yucatán. Pero a pesar de que cumplíamos los designios de Dios el Creador, nada nos quería allí y todo nos era hostil. La selva era nuestra enemiga, sentíamos a cada paso su presencia ominosa y nos castigaba constantemente. Los insectos nos rodeaban y se daban un festín con nuestra sangre. No respetaban ni al mismísimo representante de Jesús, pues el pater cayó enseguida presa de fiebres que a punto estuvieron de reunirle con el Altísimo. La lluvia nos empapaba y, cuando el cielo tenía a bien darnos una tregua, el calor nos sofocaba en nuestras armaduras. Al caer el sol, la jungla susurraba al oído palabras que helaban el alma. Era imposible el descanso, pues las ánimas de la floresta rondaban por doquier y nos maldecían en su lengua impía. No podíamos calentarnos siquiera, pues nada prendía en la madera empapada y el frío mordía nuestros huesos sin remedio.
Una noche, los espíritus se llevaron al bueno de Hernando de Azúa. Dejó el campamento para aliviarse, a pesar de que le imploré que no se alejara en demasía, pues aquél lugar ansiaba hacerse con nuestra carne mortal. Escuchamos sus gritos de agonía, todo temblaba a nuestro alrededor, y luego de un rugido aterrador, el más absoluto y oscuro silencio, roto solamente por nuestros rezos y ruegos al Dios cristiano, para que nos librara de todo mal. Al día siguiente, lo único que encontramos del vascongado fue su yelmo ensangrentado. Después de eso, Don Francisco hubo de imponer disciplina a la soldadesca, pues sin excepción suplicábamos volver a los barcos y alejarnos de aquel lugar que nos aborrecía. Mas el capitán se mostró inflexible y, tras unos latigazos, continuamos senda aferrados a nuestros amuletos y cruces, saltando ante el más mínimo ruido.
Comprenderán vuestras mercedes el alivio cuando, al fin, dimos con una población indígena. Tan grande como no habíamos visto ni siquiera en la Española. Los lugareños, sin embargo, también estaban en nuestra contra y pronto sus sonrisas tornaron en gritos de guerra. Cayeron sobre nosotros como demonios de la muerte y muy a duras penas logramos rechazarlos, dejando algunos buenos compañeros su vida en el intento. Y una vez que la selva hubo bebido de nuestra sangre, no volvimos a encontrar la paz. Acuciados por la escasez de víveres y agua, acosados por todas las criaturas que allí moraban y con las amenazas que transportaba el viento y susurraban las ramas de los árboles al moverse, don Francisco consintió en regresar a las naves.
Bordeamos la costa, a la búsqueda de un lugar donde aquel mal no pudiera alcanzarnos, mas ningún ruego fue escuchado. Por dos veces intentamos abastecernos en los poblados que hallamos a nuestro paso, y por dos veces los indígenas nos rechazaron con enconada hostilidad. Recuerdo el día en que desembarcamos cerca de un estuario, desesperados y hambrientos, mas tregua no habíamos de esperar ni se nos dio. La mitad de nuestros hombres feneció esa fatídica jornada y hasta el capitán fue herido. En la huida, la selva maldita confundió nuestros pasos y, cuando quisimos darnos cuenta, me hallaba perdido junto a Juan Sánchez e Íñigo de Ayllón. A través de la espesura corríamos, ora alertados por las voces del resto de la expedición, ora rezando por salvar nuestras vidas, pero aún nos aguardaba una última y funesta impresión. Porque nuestra frenética desbandada, nos condujo hasta un templo de aspecto antiquísimo y medio oculto por enredaderas, de piedra amarillenta y desgastada. Y allí los tres entramos buscando un refugio que lejos íbamos a estar de encontrar.
Una vez dentro, medio a oscuras, aterrados y rezando a gritos sin ser escuchados, la jungla cobró vida ante nuestra presencia. Un ser enorme hecho de madera, raíces y hojas se alzó, de entre una montaña de huesos y calaveras, paralizándonos por completo de miedo. Sus ojos eran dos ascuas anaranjadas que supuraban un odio ancestral. Nos dijo algo que no pudimos entender, pues hablaba una lengua extraña, con una profunda voz que sonaba como una de las muchas tormentas con las que se nos había castigado esos días. Lanzó un brazo hacia nosotros que, como les contaba, nos hallábamos paralizados por el más absoluto terror, las oraciones muertas en nuestros labios. Tres gruesas raíces hicieron presa en el pobre Juan Sánchez, y al verse arrastrado irremisiblemente hacia la muerte, chilló como nunca pensé que podía hacerlo garganta humana. El demonio, porque sólo podía ser eso, una criatura del averno, abrió unas fauces horribles, de cuyo interior exudó una savia blanca que hedía a tierra mojada y pútrida. Y, que Dios me perdone, la carne nuestro compañero se deshizo en ceniza ante su contacto. Quedó sólo el esqueleto, que se desmoronó después sin nada que lo mantuviera unido.
Quiso la buena fortuna, o la intervención divina, que mis músculos reaccionaran en ese preciso momento, pues gracias a lo uno o lo otro, logré salvar la vida. Esquivé el segundo brazo del demonio, ávido de más presas. Sus raíces, en cambio, encontraron la pierna de Íñigo, que aún tuvo el valor, nacido de la desesperación, de asestar puñaladas a la madera por si acaso la criatura maldita pudiera sentir dolor, o quizá en la esperanza de quebrar su mortal abrazo. Mas todo fue en vano, porque el espíritu de la selva se lo acercó a la boca y corrió la misma desventura que Juan. Para entonces, yo ya estaba cerca de la salida del templo y logré escapar al destino que aquélla jungla infernal había dispuesto para mí.
Corrí sin tino alguno, únicamente pensando en huir. Las ramas bajas me azotaban el rostro, la vegetación se reía de mi desesperación mientras sentía gruñidos inhumanos a la espalda que insuflaban fuerzas a mis agotadas piernas. Mas, nuevamente, quiso el azar o el buen Dios que consiguiera conservar el hálito vital, pues al fin di con lo que quedaba de la expedición. Superábamos el centenar cuando partimos, ávidos de gloria y oro. Ni la mitad subía ahora a esos tres barcos trocados en salvación. Entre los vivos, aunque gravemente herido, se hallaba don Francisco Hernández de Córdoba. Fue la última vida que se cobró aquel lugar maldito, aun estando lejos de él, porque a principios del mes de mayo logramos arribar a Cuba, donde fuimos recibimos por el mismísimo Gobernador.
Don Diego de Velázquez de Cuéllar informó de nuestros descubrimientos ante el Real Consejo de Indias. El capitán no pudo estar presente, pues sus heridas demostraron ser fatales y murió al poco de desembarcar. Mas el Gobernador no se dejó persuadir de que volver al Yucatán era una locura más que evidente, puesto que poco más de cuarenta hombres habíamos logrado regresar con vida y con ningún tesoro en nuestro poder. Cuando empezó a preparar la siguiente expedición, yo me embarqué rumbo a España, decidido a no retornar ni por todo el oro de las Indias. Porque, aunque a miles de leguas, la selva aún me visita cuando el sol se ha puesto. Escucho sus susurros en la soledad de mi cuarto y dos ascuas anaranjadas me vigilan desde la oscuridad.