El ¿verdadero? mito de Circe

Nos cuenta la antigua mitología griega que Circe era una hechicera que vivió en la isla de Eea. Hija de Helios, titán del Sol, y Perseis, la ninfa vinculada a los dioses de los ríos, Circe descubrió en el mundo de los mortales que tenía el poder de la brujería y que sus conocimientos en medicina y herbología le ayudarían a transformar en animales a sus enemigos a la vez que los intimidaba con el uso de pociones mágicas.

 

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Circe ofrece su copa a Odiseo, 1891. Galería de Arte de Oldham.

Ahora, la escritora Madeleine Miller ha recreado esta historia en las páginas de Circe, una novela que ha conquistado el top ventas del New York Time, que ha sido ganadora del Premio Goodreads 2018 a mejor novela de fantasía y que ha conseguido contentar a miles y miles de lectores. La reinterpretación de esta joven hechicera nos hará cuestionarnos cuál es la verdadera historia del mito. 

 

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Dos años de vida para la editorial AdN.

 

Gracias a la editorial Alianza de Novelas sabemos que este libro llegará a España el próximo 28 de febrero, y además se pueden confirmar estos datos de la edición: la edición será en tapa dura, contará con 464 páginas, estará traducida por Celia Recarey Rendo y Jorge Cano Cuenca y saldrá a un precio de 20€ en papel mientras que tendrá un precio de 9,99€ en ebook.

 

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Edición española de Circe. Podéis consultar más información sobre esta novedad, y otras, en novedades próximas.

 

Tras esto, se puede afirmar que será una obra que dará para hablar y debatir por el trasfondo mitológico, por ser una narrativa con perspectiva feminista y por el gran cariño que pone Madeline Miller a los textos homéricos de la clásica Grecia. 

Conozcamos a la autora un poco…

 

Qué saber sobre Madeline Miller.

 

Conoce a la autora a continuación.
Información extraída de su página oficial.

Traducido al castellano y adaptado por el blog.

 

La autora nació en Boston y se crio en las ciudades Nueva York y Filadelfia; actualmente vive en esta última. En cuanto a sus estudios, se licenció en Filología Clásica en la universidad de Brown; enseña Griego, Latín y la obra de Shakespeare a nivel de bachillerato. También estudió Dramaturgia en la Escuela de Arte Dramático de Yale donde se centró en la adaptación de textos clásicos. Su primera novela, La canción de Aquiles, le concedió el premio Orange Prize for Fiction del año 2012, formando parte de la lista bestseller del New York Time al igual que Circe, que lo fue al instante de ser publicada. 
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Lo que nos deja Circe: dioses y mortales, un temeroso Zeus, figuras de la mitología griega, la asesina Medea y un astuto Odiseo. Un hilo argumental lleno de peligro, ira y, sobre todo, fuerza y lucha hacia lo que se ama. 

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Nadie te escucha

Hace poco más de un año pudimos disfrutar de Gaspar Desencadenado, un relato corto escrito por Sergio Mullor —Elfo solitario como dirían otros— donde nos presentaba una navidad muy sangrienta. Hoy, volvemos a tener otro relato corto: Nadie te escucha, una historia de horror donde seguimos a un protagonista, en segunda persona, atrapado en una eterna oscuridad. 

Como dijimos anteriormente, esperamos vuestras opiniones en comentarios. ¡Que lo disfrutéis! 

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Nadie te escucha.

Por Sergio Mullor.

Te ahogas. Tienes que respirar. Por un momento no te acuerdas de cómo se hace. Boqueas como un pez fuera del agua. Toses. Y, por fin, puedes inspirar. Notas el aire entrando en tus pulmones, una bocanada que para ti es gloria pura aunque lo notes rancio. Cuando tu respiración se normaliza abres los ojos. Hay poca luz pero distingues un techo blanco. Tus manos palpan las baldosas de un suelo frío. Giras la cabeza hacia la derecha y ves que también son blancas. Igual que las que cubren la pared hacia la que miras. Te incorporas despacio. Delante de ti, otra pared con una puerta de metal. Vuelves la cabeza a la izquierda. Un tercer muro idéntico al de tu derecha.

Te pones de pie y te atreves a mirar a tu espalda. La cuarta pared tiene un pequeño hueco cuadrado a media altura. Además, acabas de descubrir la fuente de luz: una linterna en el suelo que ilumina precisamente ese hueco. La coges e inspeccionas mejor el cuarto en el que estás, pero no hay nada más. Te acercas a la puerta y la aporreas.

—¿Hola? ¿Hay alguien ahí? —dices. Luego esperas y, al no recibir respuesta, golpeas el metal más fuerte y repites tu pregunta a gritos. Una y otra vez.

Nada. El silencio más absoluto te responde. Haces el gesto de agarrar el picaporte y manoteas el aire. No está donde debería estar. De hecho, no lo ves por ningún lado. Sientes un retortijón de puro miedo. Y por primera vez desde que has despertado, te preguntas qué haces en ese cuarto y cómo demonios has llegado hasta ahí. Intentas recordar las últimas cosas que hiciste mientras tu corazón late frenético. Saliste de trabajar de noche. Cogiste el último autobús. Atravesaste el parque en dirección a tu casa. Y luego… Nada. Lo siguiente que recuerdas es despertarte entre esas cuatro paredes blancas. No sabes cuánto tiempo ha pasado.

Caes en la cuenta también de que lo que llevas puesto no es tu ropa. Una camiseta, un pantalón de chándal y unos calcetines. Todo de color blanco. Te tiemblan las manos y vuelves a pedir ayuda a gritos. Te lías a golpes con la puerta, pero sólo consigues hacerte daño en un pie. Lloras sin dejar de dar alaridos histéricos y te derrumbas contra ese rectángulo de metal infranqueable. Lo notas frío contra tu espalda. Lo único que escuchas son tus sollozos, que poco a poco van menguando hasta cesar por completo. Te limpias las lágrimas y los mocos con la camiseta y piensas qué puedes hacer.

Sigues temblando, pero consigues reunir fuerzas para ponerte de pie. Apuntas con la linterna a la pared de enfrente, al oscuro cuadrado abierto entre las baldosas blancas. Te acercas hasta él y te asomas. Da a una especie de túnel. El primer metro o dos está recubierto de cemento. Luego, hasta donde puedes ver, el corredor continúa como si estuviera excavado directamente en la tierra. No sabes qué hacer. ¿Esperas en esa sala a que alguien venga? ¿Entras en el túnel? Quieres creer que lleva a algún lado, supones que a la salida. Por algo tiene que estar ahí, ¿verdad? El hueco es lo suficientemente grande para permitirte ir a gatas por él. Miras la linterna y te preguntas cuánto durarán las pilas.

El miedo te reconcome y optas por lo que crees menos peligroso. Te sientas junto a la puerta, apagas la linterna y te pones a esperar. Estar a oscuras es peor de lo que pensabas. Crees escuchar ruidos. ¿Han sido pasos? ¿Un estornudo? No tienes ni idea de cuánto tiempo pasa. Por un momento das una ligera cabezada. Empiezas a sentir una sed terrible, la boca completamente seca. La desesperación sube desde tu estómago hasta tu cerebro. Enciendes la linterna y vuelves a aporrear la puerta. Te desgañitas pidiendo ayuda. Suplicas. Amenazas. Insultas. Todo en vano. Así que decides arriesgarte a entrar en el túnel.

    Te metes por el hueco y avanzas despacio. Huele a humedad. Hasta donde alcanza el haz de luz parece seguir en línea recta. Echas un último vistazo al cuarto y decides seguir adelante. No consigues calmarte mientras te adentras. Ya has dejado atrás la zona con el suelo de cemento. Gateas por la tierra. Pierdes la noción del tiempo. Solo eres consciente de que te duelen las rodillas y las manos. Y, aunque parece una tontería, no es fácil gatear empuñando una linterna. De pronto llegas a una bifurcación. Alumbras ambos túneles y te parecen iguales. Intentas percibir si por alguno corre aire, como has visto en las películas. Aguantas las ganas de llorar de nuevo, el miedo que te atenaza y eliges continuar por la derecha.

    Durante un tiempo, el túnel sigue recto. Pero luego notas una ligera pendiente. También te das cuenta de que hay menos luz. Compruebas la linterna y ves que la bombilla se está poniendo de color naranja. Eso no es bueno. Nada bueno. Así que gateas más rápido. En un momento dado notas que tu espalda roza contra el techo. Lo que faltaba, el túnel se estrecha. Llega un momento en el que tienes que ir arrastrándote. Al poco, se apaga la linterna. El terror más absoluto te paraliza. A estas alturas es imposible volver atrás. Físicamente no es puedes dar la vuelta. Empiezas a sudar. Notas como si te faltara el aire. Entre sollozos y gimoteos continúas. Adelante.

Notas algo que cae en tu cuello y se desliza por tu espalda, por dentro de la camiseta. Gritas, te entra arena en la boca y te atragantas. Y no paras de arrastrarte. Empiezas a marearte, jadeas, el corazón desbocado. Algo camina por tu cara. Das manotazos y lloras desesperadamente. El túnel no se acaba. Hasta que llega un momento en que no puedes seguir de frente. Tus gritos histéricos lo llenan todo. Golpeas la pared y te das cuenta de que arriba hay un hueco. Apenas cabes, pero reptas frenéticamente. Buscas asideros para poder escalar. Tienes las rodillas despellejadas, las manos completamente arañadas. El dolor y el miedo no te dejan pensar. Hacia arriba. Tiene que estar la salida. La oquedad se va haciendo más y más estrecha. Cada vez es más difícil moverse, tanto hacia arriba como hacia abajo. Tus manos tocan algo. No quieres creerlo. No puede ser un pie. Pero notas los dedos a través de la tela de lo que tiene pinta de ser un calcetín. Es posible que sea blanco. Y no se mueve. Hay un cuerpo bloqueando el paso.

No puedes saber que un poco más arriba, por encima de ese cadáver y la arena, hay asfalto. Una carretera. Y que no hay forma de salir por allí. El tráfico se traga tus gritos.

 

 

Materia Oscura de Blake Crouch

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Título original: Dark Matter

Traducción: Noemí Risco Mateo

Editorial: Nocturna

Edición: rústica con solapas

 

CUALQUIER DECISIÓN SE RAMIFICA EN

UN NUEVO MUNDO.

 

Bajo el inicio de una breve introducción que dicta: «Para cualquiera que se haya preguntado cómo podría ser su vida al final del camino que no tomó», nos encontramos con un tema principal, y de fondo, que absorbe y mezcla la ficción literaria con la experiencia personal cotidiana creando un vínculo que nos deja claro que esta aventura será una constante reflexión sobre las decisiones y las consecuencias que, al fin y al cabo, se derivan en un mundo nuevo y desconocido. Una ciencia ficción que bebe de momentos cotidianos para vestirlos de verosimilitud y que, a su vez, se pasea por el thriller.

En la narración se disfruta de una primera persona continua donde la voz la toma el protagonista, Jason Dessen, que renunció a sus aspiraciones científicas para centrarse en su familia, pero esto no tardará en cambiar ya que nunca volverá a su vida tras ser secuestrado en una central eléctrica y así poder vivir las posibles vidas que dejó de lado tras las decisiones tomadas en el camino. Trasladada la narración a una realidad desconocida se empieza a conocer el estilo del autor: un estilo coloquial, denso y ágil, que aún así no deja de verse cómo deja de lado la expresión cuidada en ocasiones.

La narrativa tiene una cadencia muy rápida y apenas se tiene tiempo para fijarse en posibles incoherencias o fallos, por lo que se puede concluir que el escritor apostó por el ritmo de la acción más que, por ejemplo, en la profundidad emocional del personaje. Aún así, el elenco de personajes, mínimo, transmite lo suficiente como para no chirriar en la lectura, mostrando pérdida, preocupación y perseverancia por conseguir llegar a lo que realmente se quiere y se necesita tener.

Al paso de páginas, la locura y la paranoia te deja de hielo; un mundo lleno de posibilidades y hasta dónde son capaces de llenar las consecuencias de nuestros actos.

Las Tres Muertes de Fermín Salvochea de Jesús Cañadas

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Editorial: Roca Editorial
Edición: Disponible en tapa dura, eBook y bolsillo

Es complicado hablar de Las tres muertes de Fermín Salvochea (premio Ignotus a la mejor novela nacional de 2017) sin que se te escape algo que rompa las sorpresas que aguardan al lector entre sus páginas. Sorpresas, sí, en plural, porque el libro que nos ocupa, y preocupa, está lleno de ellas. Nos encontramos en el Cádiz de principios del siglo veinte. Sebastián, el Pani y Candela son tres niños de clase humilde. Candela, además, es huérfanay vive en un hospicio religioso. Los tres forman una entrañable pandilla y, en los primeros compases de la novela, crees que vas a asistir a una historia costumbrista con las aventuras y desventuras de los tres. Pero no. O sí, aunque no como esperabas… Aquí es cuando entra en escena Fermín Salvochea, alcalde gaditano
durante la primera República. La genialidad que Jesús Cañadas consigue es
un fluir de los acontecimientos tan natural que nada de lo que empieza a pasar
entonces desentona o parece estar fuera de lugar. Entreteje la historia y las
leyendas gaditanas con habilidad, enseñándonos la otra cara, mágica, oscura y
misteriosa, de la Tacita de Plata. Pocas veces me ha ocurrido que un personaje protagonista me caiga gordo y quiera que muera prácticamente desde su primera aparición. Pues ahí está Juaíco –el padre de Sebastián- para conseguirlo. Ninguno de los
personajes te deja indiferente y cuando eso se consigue, el escritor se mete al
lector en el bolsillo. Odio, desprecio, cariño… Cualquier emoción que un
personaje provoque en quien lo lee le hará querer continuar la historia.

Precisamente, otro de los puntos fuertes del autor es que juega con las
emociones con precisión de cirujano. Y no duda tornarse cruel cuando la
historia así lo requiere aunque desearías que fuera de otra forma. Porque la
realidad de Sebastián, Candela (¡ay, mi Candela!) y el Pani es dura, mucho. No
de forma gratuita, sino por el tiempo que les tocó vivir en esa Cádiz de 1900.
Tres niños que prefieren salir a buscar monstruos de pesadilla porque
cualquiera de esos seres abominables son menos terribles que las personas
con las que tienen que lidiar cada día.

Las tres muertes de Fermín Salvochea es, en definitiva, una novela
tan absorbente como sorprendente, valiente y arriesgada. Y que Hollywood no
dudaría en llevar a la gran pantalla si los hechos narrados sucedieran, por
ejemplo, en Washington, y en lugar de Salvoechea, se apellidara Lincoln.

 

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Redactado por Sergio Mullor para La Caverna del Lector blog

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Otros libros comentados por Sergio Mullor:
El Largo Viaje a un Pequeño Planeta Iracundo de Becky Chambers
Alba de Tinieblas de Eduardo Vaquerizo

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