La mala mujer de Marc Pastor

Ganadora de la primera edición de los «Premis Crims de Tinta» en 2008, La mala mujer vuelve a estar disponible en castellano gracias a Alianza editorial, con una edición en rústica con solapas y una ilustración de cubierta a cargo de Octavi Segarra, a quien hemos visto en otros diseños de la editorial recientemente. Además, esta edición cuenta con un diseño interior e ilustraciones de Braño Matis.

Esta novela ambientada en la Barcelona de principios del siglo XX, en el Raval, nos cuenta que algunos hijos de prostitutas están desapareciendo. Los rumores señalan a un asesino que se pasea por los barrios más turbios a sus anchas, y, metiendo un poco el hocico al investigar, podría tratarse de una red de pederastia de la alta burguesía. Hay un detalle relevante en la forma de actuar de este asesino: en la muerte de un anciano vemos que ha sido mordido, que le han chupado toda la sangre que tenía dentro. Y ese anciano está relacionado con las desapariciones. Y es cuando vuelven a correr los rumores por los bajos fondos… Un ser sin escrúpulos, tachado como mujer, temible y un poco diablesa; con sed de sangre y buscando la inmortalidad eterna. Por otro lado, tenemos a Corvo y a Malsano, dos policías que se hacen cargo de este caso y que no dudan en usar todos los recursos de los que disponen para desmontar los rumores y conseguir atrapar a quien tiene la culpa. Irán recorriendo casinos, burdeles, tabernas y callejones, todo ello lleno de miseria y de corrupción moral. Entonces, recibirán la orden de detener su investigación antes de pasar la línea que les llevará hacia la muerte. Demasiado tarde. Es hora de pagar las consecuencias.

Título original: La mala dona
Traductor/a: Juan Carlos Gentile Vitale
Editorial: Alianza Editorial
Colección: Libros Singulares
Edición: Rústica con solapas
Diseño de cubierta: Octavi Segarra
Ilustraciones interiores: Braño Matis

«Ahora soy una voz en tu cabeza. O la plegaria de alguien a quien amas al borde de la cama, o un compañero de estudios que no sabe leer en silencio, o un recuerdo desenterrado por un olor. Soy hombre, soy mujer, soy viento y papel; un viajante, un cazador y una niñera.»

Capítulo 1; página 13

Un contexto noir

Marc Pastor nos presenta una historia que galopa a través del gótico y una fantasía urbana que, suceso tras suceso, noveliza los hechos más oscuros y terribles de la Barcelona del siglo XX. Una narración que se respalda y evoluciona mediante una investigación policial más que teorizada y realista. Y es que trabajar en la policía forense de los Mossos d’Escuadra abre muchas puertas para escribir un crimen basado en La Vampira del Raval, una leyenda que es canon en la Crónica Negra barcelonesa. Esta novela, que dio el empujón a su carrera como escritor para alcanzar el éxito y ser a su vez traducida a más de diez idiomas, podría ser una de las novelas negras más importantes y relevantes de los últimos años que hayan salido en nuestro país, puesto que cualquier obra no es capaz de meterte dentro de una ambientación llena de putrefacción y que, antes de pensar que estás ante una novela negra, captes los trazos de terror y fantasía que hay en las descripciones. El agujero narrativo (y digo agujero porque cada vez caes más y más en la oscuridad), expuesto por un narrador omnisciente, deja ver cuánto odio, cuánta pena y cuánto dolor puede llegar a tener un alma; descripciones que dejan rastros de angustia y maldad: «vosotros sois todo esto, con vuestras fantasías, miedos y pesadillas», como se nos dice en las primeras páginas. Poco a poco seremos los propios protagonistas de la historia; cada vez que dejamos de lado los diálogos, cada vez que apartamos a los protagonistas y escuchamos la exposición de sucesos reales desarrollados por el elenco de personajes, estamos más cerca de caer en las garras de una muerte dulce.

La Leyenda Negra

La vampira del Raval, que se hacía llamar Enriqueta Martí, se mudó a Barcelona para trabajar como niñera; pronto comenzó a adentrarse en el mundo de la prostitución en burdeles y otros lugares dedicados a esta práctica, como lo era el Puerto de Barcelona. En el año 1895 se casó con un pintor, Juan Pujaló, con quien no tuvo hijos, pero sí que tuvo una relación turbulenta y que terminó fracasando porque no dejó de lado la prostitución por su matrimonio. Enriqueta llevaba una doble vida: de día, mendigaba y pedía caridad; de noche, se vestía con ropas y accesorios de lujo y frecuentó el Teatro del Liceo y otros lugares similares donde la población privilegiada de la capital iban a pasar su tiempo.

Pensaréis qué tiene que ver esto con el libro… Pues bien: si nos ponemos en contexto histórico, si hablamos de la figura de Enriqueta, entenderemos más aún la novela de Pastor y veremos que, tanto ambientación como personajes o lugares, son totalmente reales. Atentos…

Enriqueta ofrecía sus ungüentos, pomadas, pociones y cataplasmas a las gentes de clase alta, que pagaba muy bien estos remedios con el objetivo de curar cualquier enfermedad, en especial la tuberculosis, que estaba en auge en esa época y a la que se le temía muchísimo. La curiosidad de estos remedios son sus ingredientes: sus compuestos se creaban por restos humanos de niños a los que previamente secuestraba y/o prostituía, y de ahí lo aprovechada casi todo (por no decir todo); sangre, grasa, cabellos o huesos (triturados hasta ser polvo)… Es muy fácil deshacerse de un cuerpo si sigues las clases didácticas de esta señora.
De que años más tarde la detuvieron y de que el Brigada Ribot junto a dos agentes encontraron a dos niñas secuestradas y ambas confesaron haber visto sacos de ropa manchada de sangre y haber presenciado cómo Enriqueta mataba a un niño en la mesa de la cocina, mejor hablamos otro día… El caso es que si nos ponemos a conocer la leyenda que hay detrás de la vampira de la calle de Poniente, si cogemos con pinzas los detalles más terroríficos y después leemos La mala mujer, veremos que Marc Pastor ha conseguido relatar una novela criminal con más realismo que ficción: el uso de remedios mágicos, las distintas desapariciones de las pequeñas cobayas o el robo de cadáveres o presentarnos a personajes que padecen la tuberculosis, solo son algunos rasgos que ayudan a complementar de manera extraordinaria este mito urbano.

«Estaba fascinada con el reflejo rojizo de la hoja del cuchillo. Demasiada sangre. Habría querido lamerla, pero aquella sangre estaba infectada. Había que acabar con aquello, pero sin que pareciera un matadero.»

Capítulo 7; página 131

Testificación

Imagina algo espeluznante, a la vez emocionante; puede que te dé terror puro. Imagina que te adentras en un callejón sin salida, o que entras a un bar a tomarte una copa, y lo único que encuentras es sangre derramada, miedo, advertencias. ¿Seguirías avanzando? A cada paso que das te acompaña una voz, una plegaria, que solo está en tu cabeza. A la vez es tu mejor compañía, pues al fin y al cabo, es alguien como tú, que busca esa bebida que te quema la garganta, el reflejo de la luz de la calle en la ventana; alguien que solamente busca algo que contar. La esencia de las cosas puede ser arte, puede ser lírica. En cierta manera, esta novela te hará sentirte así, sin querer salir corriendo, siendo un mero espectador de todo lo que ocurre a tu alrededor.

El día que Selma soñó con un okapi

Selma tiene un extraño don premonitorio que se ha manifestado pocas veces en su vida. Cuando Selma sueña con un okapi, la muerte acude en unas veinticuatro horas y se lleva el alma de un habitante del pueblo. Cuando eso sucede, a pesar de que Selma intenta guardar en secreto su sueño, la noticia corre como la espuma y hasta los incrédulos temen ser los señalados. De repente el miedo sacude la pequeña región imaginaria de Westerwald y los residentes lo afrontan de diferentes formas: algunos no salen de casa, otros escriben cartas con palabras que jamás fueron capaces de pronunciar,  otros miran hasta cuatro veces antes de cruzar la calle y otros declaran su amor prohibido. Selma y su nieta, que también posee otro peculiar don, se rodearán de historias que nos harán descubrir que tanto la muerte como el amor forman parte de la normalidad.

Título original: Was man von hier aus sehen kann
Traductor: Albert Vitó i Godina
Editorial: Seix Barral
Edición: Rústica con solapas

La fama repentina de Mariana Leky

Este libro fue elegido como la mejor novela del año en Alemania y ha conseguido el premio de los libreros independientes. Además, la misma escritora ha sido galardonada como mejor autora del 2017;  Mariana Leky (Colonia, 1973), que antes de convertirse en un gran fenómeno cultural fue librera, ha declarado que quizá fuese su trabajo la razón de esa extraña conexión con el lector.  Su sueño, que siempre fue escribir, se quedó un poco olvidado porque sus padres la presionaron para que estudiara una carrera con mayor porvenir. Así que hizo prácticas un par de años de biblioteconomía y finalmente se decantó por el periodismo cultural. Pero no olvidó su sueño.

Su novela se ha traducido a quince lenguas debido al éxito que obtuvo en Alemania y la crítica la ha etiquetado como autora de realismo mágico en versión germana y pese a ser una gran admiradora de Gabriel García Márquez, Mariana Leky cataloga su novela como realismo psicológico con ciertos toques de fantasía. En 2019 en una entrevista la escritora argumentó que «lo fantástico aquí es solo una idea disparadora de la que me siento muy orgullosa; una idea que me sirvió para indagar cómo reacciona la gente ante el pánico», y añade: «todos tenemos que convivir con la idea de que moriremos algún día», añade, «y esa conciencia vital hace a la gente más auténtica».

Mariana Leky no sueña, posa con un Okapi

El okapi, un animal africano que utilizó para los sueños premonitorios de la coprotagonista de su novela, lo vio por primera vez siendo una niña en un zoo de Colonia. La impresión que le dio fue la de una criatura que debió crear Dios en un momento de embriaguez, aunque le sirvió para escribir un libro con un personaje de una mujer que hubiera vivido algo horroroso en su infancia y que eso le llevara a confundir el amor con la muerte.  Y en su narración vemos transcurrir las diferentes reacciones de cada individuo a enfrentarse a la figura de la guadaña. La muerte finalmente llega y arrasa con todo lo que tiene su víctima y ese temor forma parte de nuestras vidas aún sin quererlo.

Una historia enternecedora

Luisa, la nieta de Selma, nos cuenta gran parte de su vida en unas trescientas páginas de emociones y sentimientos. Empieza contándonos cómo fue su infancia, que se crió con el afecto de su abuela y de otros habitantes del pueblo: su mejor amigo, un niño obsesionado con la halterofilia capaz de levantar cualquier cosa que encuentre a su paso; el óptico atormentado por un amor prohibido y secreto, la vecina que se gana la vida con artes arcanas… Poco a poco, se formará un elenco de personajes entrañables que enriquecen la narración y que nos hablan de hermosas relaciones humanas y situaciones que le pueden robar al lector desde una lágrima a una sonrisa. La lectura avanzará especialmente en su infancia y llegaremos hasta la edad adulta a la que dedica mucho menos tiempo.

En cuanto a la ambientación, nos encontramos con Westerwald, que es un pueblo apartado en el que todos se conocen y en el que los miedos son mucho más visibles; el miedo a amar y ser dañado, el miedo a morir y perderlo todo, el miedo a la soledad. O lo que es peor, el miedo a morir solo. Y es que, a pesar de ser un libro sobre la muerte y el amor, no es un libro triste sino todo lo contrario, y aunque es cierto que hay momentos muy emotivos, también tenemos fragmentos divertidos, mágicos y muy tiernos… Como la vida misma, que a veces nos da cal y otra arena. 

La magia que se palpa en cada página, la belleza de algunas situaciones o las relaciones de los personajes parecen salidos de la mano de un Gabriel García Márquez en Cien años de soledad o de Laura Esquivel en Como agua para chocolate. Se disfruta tanto de la lectura que temes el momento de llegar a la última página. Y cada uno de los personajes se queda arraigado en el corazón del lector para siempre. El día que Selma soñó con un okapi es una novela hermosa sobre el amor y el miedo a morir, que como diría Freud: «si quieres vivir, prepárate para morir».

Estaba seguro de que no le arrancaría la vida de cualquier manera, sino que más bien se adueñaría de ella con sumo cuidado. Se imaginaba a la muerte llamando discretamente a la puer­ta, abriéndola apenas un resquicio y preguntando: «¿Pue­do…?». «Por supuesto — respondería Häubel —. Adelante, por favor.» Y la muerte entraría, se plantaría frente a la cama del granjero y preguntaría: «¿Le parece bien ahora? Si le molesto, puedo volver a pasar en cualquier otro mo­mento».

Fragmento, página 29

Gaspar Desencadenado: el final

La historia de Gaspar Desencadenado #1 se empezó a publicar por entregas. A día de hoy, hemos leído las tres entregas y ¡qué maravilla! Desde luego que tendremos que seguirle la pista a Sergio Mullor en futuros trabajos. Pero, mientras tanto, centrémonos en lo que tenemos ahora: la última entrega de una historia que nació en una Navidad cualquiera…

Interior del palacio


Melchor se había apostado en lo alto de uno de los minaretes. Desde allí tenía un excelente ángulo de tiro. En el visor de su rifle apareció un reno. Disparó y el trineo se estrelló poco después contra el suelo. Madera y elfos se esparcieron por doquier. Otro reno se puso a tiro. Era Rodolfo, su roja nariz lo hacía inconfundible. Su trineo, sin embargo, estaba vacío y se alejaba de aquel sinsentido. Contuvo el aliento con el dedo en el gatillo. Soltó el aire y buscó otro objetivo. Entonces se dio cuenta de que un elfo gesticulaba allá abajo y no dejaba de señalar su posición.
―Mierda. ―El Rey Mago dejó el rifle y salió cagando leches del minarete justo antes de que volara en pedazos.
La onda expansiva le tiró sobre la azotea bajo una lluvia de cascotes y esquirlas de piedra. Dos pisos por debajo, Gaspar disparaba parapetado tras una ventana, ajeno a la suerte de Melchor.
―¡Vamos, hijos de puta, os estoy esperando! ―Acompañó sus risas histéricas con una ráfaga de la metralleta.
Había cuerpos por todas partes. Elfos, pajes, renos y hasta camellos. Los gritos de los moribundos quedaban sofocados a ratos por el estampido de las armas. Se escuchó otra explosión y el palacio se estremeció.
―¡Han abierto brecha! ―gritó alguien en la entrada.
Gaspar soltó otra carcajada, tiró la ametralladora y desenfundó sus revólveres.
―¡Venid con papá, cabrones!
Baltasar defendía la entrada por la que se colaban los elfos. Fumaba un puro mientras disparaba tras aquella improvisada barricada. Le salpicó la sangre de un paje a su lado, que se desplomó con un feo agujero en la cabeza. Le acertó a un elfo en el pecho antes de tener que cubrirse por la ráfaga de balas que le devolvieron. Pegó una última calada al puro, saboreándolo.
―Pues hasta aquí hemos llegado, mi negro. ―Arrojó el puro a un lado y se puso en pie disparando sin descanso. Uno, dos, tres, cuatro elfos cayeron bajo sus balas. Acertó a un quinto antes de sentir un picotazo en un hombro. Luego otro en el muslo. Y, después, muchos más por todo el cuerpo.
Alabastro pasó por encima del cadáver de Baltasar, no sin antes darle un tiro en la cabeza por si las moscas. Aquello era un caos. Elfos y pajes morían y mataban sin orden ni concierto. No sabía cuántos de los suyos quedaban en pie. Y a estas alturas, le importaba una mierda. Había visto a Melchor en la azotea y ese era su único objetivo. El cabronazo se había salvado de milagro cuando voló el minarete, pero estaba dispuesto a acabar el trabajo. Los cinco elfos que aún aguantaban a su lado se desplegaron hacia las escaleras. El que iba en cabeza ni se enteró de que le habían matado. Gaspar hizo su aparición sembrando muerte entre carcajadas dementes. Alabastro se puso a cubierto con un balazo en un brazo.
―¿Eso es todo lo que tenéis, elfos de mierda? ―Gaspar remató al último ayudante que quedaba vivo. Solo faltaba el cabrón que se escondía tras el piano del salón. Una bala pasó silbando muy cerca―. ¡Da la cara, pequeño hijo de puta!
Alabastro estuvo tentado de hacerle caso, pero antes de decidirse, un tiroteo fuera del palacio llamó la atención de Gaspar y se lo llevó de allí. Jadeó con dolor, palpándose la herida del brazo. Y, cuando se puso en pie, se dio cuenta de que también le habían dado en una pierna. Renqueando, enfiló las escaleras.
―Voy a por ti, Melchor ―gruñó entre dientes.
Ajeno al ángel vengador que subía como podía a la azotea, Melchor aún seguía tumbado allí donde le había empujado la explosión. Le zumbaban los oídos y estaba magullado. A pesar del sonido de los disparos, cada vez más escasos, y de los lamentos de los moribundos, también cada vez más escasos, el Rey Mago no podía sacarse de la cabeza un villancico.

Silent Night


No conseguía recordar de quién era. No es que importara mucho, pero le molestaba comprobar que su memoria ya no era la de antaño. Cuando eran jóvenes y Papá Noel sólo un desconocido. Habían tenido una buena vida, no lo podía negar.


Holy Night

Pero, en fin, todo terminaba, antes o después. Nunca había pensado que sería así, masacrados en una guerra absurda. Suponía que todo acabaría para ellos cuando la magia y la ilusión, cada vez más exiguas, desaparecieran del mundo. El día en que los niños dejaran de creer en ellos y les olvidaran.


All is calm


Aunque quizá era lo mejor. A medida que pasaban los años, tenían menos sentido en un mundo en el que la tecnología era la reina y la ciencia su religión. Escuchó un ruido, como de alguien arrastrándose. Se incorporó y vio aparecer a Alabastro. El elfo estaba pálido por la pérdida de sangre, se sujetaba un hombro mientras cojeaba de una pierna.


All is bright

―Así que vas a ser tú el verdugo, mi querido Alabastro ―le saludó Melchor, alzando las espesas cejas blancas―. Estás hecho un asco, amigo mío.
―Cierra la puta boca. ―El elfo renqueó hasta quedar a un metro escaso del Rey Mago.


Round yon virgin Mother and child


―No espero que te lo creas, ni que vayas a cambiar de opinión, pero si te sirve de algo, yo no quería nada de todo esto ―confesó Melchor.


Holy infant so tender and mild


―Le dejasteis como un jodido colador ―al elfo se le quebró la voz. Alzó el brazo sano y apuntó a la cabeza del Rey Mago. Melchor cerró los ojos.


Sleep in heavenly peace


Alabastro apretó el gatillo. Sonó un click. Y nada más. El elfo miró incrédulo su pistola. Repitió la operación una y otra vez, con el mismo resultado. El juramento que estaba a punto de soltar murió en sus labios, arrastrado por la bala que le brotó de la frente. Su cuerpo sin vida se desplomó a los pies de Melchor.
―¡Me he cargado hasta el último jodido elfo! ―bramó Gaspar―. ¡Que os den por culo, cabrones!
Melchor no daba crédito ante el buen estado del otro Rey Mago. Un par de rasguños y poco más, con la que había caído ahí fuera. Aceptó la mano que le tendía para ponerse en pie y se limpió el polvo de la túnica. Gaspar parloteaba sin descanso, contándole cómo había matado a tal o cual elfo.
―La mala noticia es que Balta ha muerto. Le acribillaron los muy cerdos.
―¿Eres consciente de que nada de esto hubiera pasado si no te hubieras cepillado a Santa Claus?
―Bueh, no me vengas con monsergas, coño. Nos hemos cargado a la competencia. —Soltó una risa en la que no había alegría alguna—. Había que hacerlo, lo sabes bien.
―Ya. Y esto también hay que hacerlo. ―Melchor le disparó a bocajarro, sin más contemplaciones. Gaspar tuvo tiempo de mirarse el agujero en el pecho, del que brotaba la sangre, antes de derrumbarse con la sorpresa dibujada en su rostro muerto.


Sleep in heavenly peace


Melchor bajó de la azotea y salió del palacio. Ajeno al fuego que ardía o a los cadáveres tirados por todas partes. Se alejó, caminando sin prisa por la arena del desierto. Hasta que el horizonte se lo tragó, como si nunca hubiera existido.

Nueva información sobre la saga de Ken Liu

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Ken Liu debutó en el mundo de la novela con La gracia de los reyes, la primera entrega de la trilogía bautizada como La dinastía del diente de león, la cual se caracteriza por estar basada en las leyendas de la cultura china, por tener un mundo complejo y vivo y, entre otras cosas, por haber encontrado una manera diferente de hablar sobre fantasía épica.

Como os conté en mi reseña de La gracia de los reyes, la trama del libro está llena de acción y aventura. Tanto personajes principales como secundarios son completamente creíbles y reales.

 

”—¿Quién iba a suponer que las hierbas escondían tanta filosofía y sabiduría?

—¿Te sorprende?¿Porque el arte de la sanación con hierbas pertenece al ámbito de la mujer y está más allá del conocimiento de los verdaderos eruditos y doctores?

Kuni se giró hacia Jia e hizo una reverencia.

—Hablo desde la ignorancia. No pretendía ser irrespetuoso.

Jia a su vez le devolvió una profunda reverencia jiri.

—Tú no pretendes ser mejor que nadie. Eso es señal de una mente verdaderamente abierta.”

 

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Ayer se publicó una entrevista al autor, Ken Liu, donde se nos desvelaba que la trilogía de La dinastía del diente de león pasará a ser, finalmente, una tetralogía, debido a su gran extensión de páginas. ¡Sí! Tendremos dos obras más con las aventuras en Dara y es que, para colmo, ya tienen título y están finalizados: The Veiled Throne y Speaking Bones. Según Ken Liu, los dos volúmenes forman un argumento más que coherente y que, si no existiese esta cuarta entrega, el mundo de Dara podría no ser entendido. Respecto a la trama, el autor asegura que estas dos últimas entregas serán mucho más silkpunk que las anteriores; habrá muchas más batallas, más penas, más intrigas.

Si todavía no leíste La gracia de los reyes ni El muro de las tormentas, estás a tiempo de dar el último carrerón para poder devorar a tiempo estas secuelas tan esperadas y deseadas por los lectores del fantástico.

¿Tienes listo el cuerpo para más Ken Liu? ¡Cuéntanos en los comentarios o síguenos en Twitter a Runas y a mí y hablemos por ahí!

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Segunda entrega de la saga.

Cada corazón, un umbral

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Autor/a: Seanan McGuire
Título original:
Every Heart a Doorway (Wayward Children 1)
Traducción:
María Pilar San Román
Editorial:
Runas (Alianza Editorial)

 


Premios Hugo, Locus y Nébula 2017.
Finalista del World Fantasy Award y del British Fantasy Award.


 

Nancy es una joven que desapareció de su hogar sin dejar rastro. Pasaron semanas y semanas hasta su vuelta y, cuando regresó y contó lo que había vivido, nadie le creyó. ¿Quién iba a creer que bailarías con la Muerte? Decididos a recuperar a su hija, la que vestía con colores alegres, la que siempre estaba contenta, sus padres deciden llevarla a un internado muy peculiar, un sitio donde los niños que han pasado por una desaparición como la de Nancy son llevados para recuperar su esencia y que dejen de lado sus demonios y sus locuras. Pero no es precisamente lo que Eleanor West, la encargada de este internado, busca hacer con los niños.

El mundo siempre espera que los niños sean como se les imparte: reglas sociales que hay que cumplir si quieren ser algo en la vida, un comportamiento sumiso, elegir siempre según sea mejor para la imagen que dan al resto, seguir unas pautas de género… Pero muchos de ellos se salen de la línea correcta; no todos buscan ser el más querido del lugar, sino que prefieren la soledad, no todas quieren ser las que cumplan las órdenes del hombre de la casa, sino que muchas de ellas son auténticas guerreras que saben desenvolverse por sí solas y no necesita que nadie les respalde ni que justifiquen sus decisiones.

 


 

“Si abres la puerta adecuada en el momento adecuado, puedes encontrar por fin un lugar en el que encajas.”

 


 

Inspirada en esas historias de niños que viajan a otros mundos llenos de fantasía, la autora nos ofrece qué pasaría tras regresar de esos mundos fantásticos y qué habría en los pensamientos de los jóvenes. Qué pasaría si en esos mundos hubiesen encontrado su verdadero hogar y su misión.
Llenos de infelicidad y repudiados por sus familiares, son llevados a la Residencia para niños descarriados de Eleanor West, lugar que, a priori, curaría la locura de cada joven. Pero lo que realmente busca West es ayudarles a volver a los mundos paralelos, pues ella también atravesó su puerta y le ayudó a conocerse a sí misma. No todos olvidan que hay que ser fiel y sincero con uno mismo sea cual sea el lugar donde estés.

Poco a poco el libro se transforma en un grito hacia la libertad y el aceptarse a sí mismo, en buscar tu lugar correspondiente y no olvidarte de qué te hace feliz. Si alguien no encaja en el lugar donde está y finge ser quien no es, es mejor apartarse e ir en busca de experiencias que te ayuden a conocerte. Puede que así aparezca nuestro lugar ideal. Y correspondido.

 


 

“La única persona que puede decirte cómo termina tu historia eres tú.”

 


 

Inesperadamente, Sean McGuire aprovecha para incluir personajes que, en nuestro día a día, son rechazados por la sociedad porque son atípicos a los estándares de la sociedad, o más bien a lo que la sociedad no quiere tener en ella: en estos pequeños saltamontes de los que cuida Eleanor West habrá personas asexuales, homosexuales o transexuales, niños que visten de rosa, y niñas que prefieren vestir de azul. La diversidad de género, de orientación sexual o de gustos se tratará de una manera totalmente natural en la que los personajes intercambiarán sus experiencias y así enseñar un poquito más de cada inclusión social… El texto, lleno de referencias a la cultura anglosajona y con tintes de terror gótico y fantasía, forman un círculo narrativo que se complementan a la perfección ofreciendo no solo una aventura, sino mucho sobre lo que reflexionar y, ya que estamos, de dar un poquito de esperanza, ilusión y positivismo a todos los que en algún momento nos sentimos fuera de lugar. La autora nos narra una historia de manera magistral, con un lenguaje sencillo que se va volviendo más y más oscuro con el paso de las páginas.

En la brevedad de sus obras es capaz de relatar la importancia de hacer pequeños sacrificios para poder evolucionar, y es que el ritmo de la lectura no decae.

 

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