Space Riders de Fabian Rangel Jr. y Alexis Ziritt

¡Bienvenidos a la galaxia!

Desde su núcleo hasta los cuadrantes exteriores, hay un nombre que provoca terror en cualquier corazón malvado: los Space Riders.
El capitán Peligro y su nueva tripulación navegan por el cosmos en su terrorífica nave Santa Muerte. Juntos imparten justicia con mano dura y persiguen los secretos más antiguos y prohibidos del universo. Pero conforme su viaje avanza, una fuerza maligna está acumulando poder, ¡y a la tripulación de los Space Riders les toca patearle el culo y partirle la cara! El capitán Peligro junto a Mono y Yara deberán mantener a salvo el cosmos en un emocionante viaje espacial que te reventará la cabeza y te meterá de lleno en una odisea cósmica alucinógena. ¡Pelea sucio y dispara primero, tripulante galáctico!

¡Menuda brutalidad! Las páginas de Space Riders nos meten de lleno en un universo lleno de aventuras, con un lenguaje macarra y una trama que fluye solita. El guionista Fabian Rangel Jr. nos lleva por las andanzas del capitán Peligro que surca el espacio y va en busca de liarse a hostias con los villanos del cosmos. Su esencia clásica, que recuerda a historias pulp de los años setenta —también a Lobo, personaje del Universo DC—, se va convirtiendo en una provocación espacial con conceptos venidos directamente de Jack Kirby y acción a raudales que te dejará dentro de una odisea cósmica alucinógena. Si tenemos que encasillarlo, lo hacemos como una obra de ciencia ficción dentro de la space opera: batallas espaciales, melodramatismo, armas futuristas, épica desorbitada, psicodelia y alucinaciones. Aquí encontraremos motoristas espaciales, seres cósmicos, magia, infinidad de planetas… Un espacio nuevo lleno de vida que se aleja de los cánones actuales del cómic. En el arte visual tenemos a Alexis Ziritt, que usa colores vibrantes, un fondo sucio y oscuro y una narración visual que abruma, que recoge galaxias llenas de estética punk-metal y muy ácidas. La información que nos proporcionan los dibujos es tan extensa y definida que más de una vez tendremos que tomárnoslo con calma y observar los detalles más pop-art en una suciedad llena de colores intensos, de mezclas de púrpuras, verdes y azules que te harán salivar. Si echamos un vistazo al guion de Fabian, vemos que sabe a qué viene y qué quiere en su obra: una narración simple, atípica y divertida, con rápidas presentaciones de los personajes para entrar en acción lo más rápido posible y seguir las hazañas de estos policías galácticos que se irán mezclando con villanos, dioses enormes simbolizados en cuerpos de animales, hechicería y muchas estrellas que recorrer. Para colmo podrían ser la versión macarra de los Green Lanterns y convertir sus anillos en pistolas galácticas para freír a sus enemigos.


Gigamesh va metiéndose en el mundo del cómic poco a poco, sin prisa, trayendo obras de un nivel altísimo y por las que nadie se ha atrevido a arriesgar.


El segundo volumen, Galaxia de la brutalidad, avanza de manera independiente mientras que sigue los pasos de su número anterior: volvemos a tener la oportunidad de conocer más a los personajes, ahora dispersos, que irán reuniéndose en la Santa Muerte conforme avanza la trama y con un dibujo de Ziritt destinado a convertirse en empapelamiento para las paredes. La acción es tan frenética e impecable, sin apresurarse, con splash pages y double splash pages explosivos y repletos de colores neón muy atrevidos, que te dejarán los ojos enloquecidos y que te devolverán a la estética punk. Por otro lado, el guionista ofrece nuevos conceptos como la tormenta cósmica o arpías mutantes que desgarrarán al capitán Peligro y enseñarán un ilustre subespacio dimensional con múltiples capas. Space Riders vuelve a atropellarte de manera digna tal como lo haría un tren de carga y te deja con una nueva dosis de psicodelia tecnicolor y un universo que está siendo amenazado.



Admito la dificultad que es resumir esta grandísima obra sin caer en destripamientos; ni siquiera le hago justicia a esta genialidad que leí hace unos días. Capitán Peligro es un cabrón de la hostia y Mono es un babuino religioso que intenta limpiar su alma, pero eso no le impide seguir derramando sangre. Menudo duo. Es absurdamente divertido verles juntos liándola por las mismísimas estrellas y cómo interaccionan entre sí con una audacia en los diálogos digna de leer.
Esta es la historia de cómo sería una epopeya espacial llena de belleza, de un caos hermoso, malditamente alucinante, vibrante y expresiva.

Trilogía de Ajenjo: Rosalera (I/III) y La insurrección de Rosalera (II/III) de Tade Thompson

El 28 de febrero de 2019 se publicó Rosalera de Tade Thompson. A muchos nos sorprendió la narración del nigeriano. Y parece que a la administración de la Fundación Serendip, una organización voluntaria en la cual se elige a su jurado mediante organizaciones de apoyo (la Asociación Británica de Ciencia Ficción (BSFA), la Fundación de Ciencia Ficción, el Festival de Cine SCI-FI-LONDON), también les alucinó. Tanta fue la sorpresa que le conmemoraron el premio Arthur C. Clarke 2019. Por otro lado, Rosalera también consiguió el premio Ilube Nommo de 2017 a la mejor novela.

En los últimos años nos está llegando una buena oleada de literatura de otros continentes: en Asia tenemos a autores como Ken Liu (aquí reseña de La gracia de los reyes) que gracias a sus antologías de ficción china (Planetas invisibles —antología I— y Estrellas rotas —antología II— en Runas) hemos conocido a escritores como Xia Jia (a destacar su relato El paseo nocturno del dragón equino en Planetas Invisibles) o Cheng Jingbo (La tumba de las luciérnagas también en Planetas Invisibles) y hemos podido repetir lectura con otros como Cixin Liu y su trilogía de los Tres Cuerpos o la primera mujer china ganadora del premio Hugo Hao Jingfang con Vagabundos, ambos en Nova, aunque también les podemos encontrar en las anteriores antologías mencionadas. En cuanto a África, tenemos a Tomi Adeyemi, escritora de origen nigeriano que reside en Estados Unidos, también ganadora del premio Hugo de 2019 con Hijos de sangre y hueso, la primera entrega de su trilogía de fantasía young adult, así como al escritor yoruba que nos concierne en la entrada de hoy: Tade Thompson.

Título original: Rosewater
Traductor/a: Raúl García Campos
Editorial: Alianza Editorial
Colección: Runas
Edición: Rústica con solapas
Revisión de las pruebas: Antonio Torrubia
Diseño de cubierta: Octavi Segarra

Rosalera. Ciudad caótica. Y extraterrestre

Estamos en Nigeria, en el año 2066. Rosalera es una ciudad que nació bajo la tutela de una bóveda alienígena misteriosa que tiene el poder de curar a personas enfermas; su apertura para la sanación se hace una vez al año, recibiendo peregrinaciones masivas. Kaaro observa este fenómeno con cierta apatía mientras piensa en que nada le satisface. Pero su vida da un vuelco total la noche de la curación, tras conocer a Aminat y tras estudiar la xenosfera y qué es ser sensible. Su vida transcurre en su puesto de trabajo, en un banco, donde evita los ataques de otros sensibles, y en una organización secreta en la que interroga a culpables de una manera peculiar. A través de los ojos de Kaaro se nos relata esta historia en primera persona, qué es Rosalera y cómo ha crecido esta ciudad hasta convertirse en algo salvaje y caótico. Tendremos contacto directo con una inteligencia alienígena que despertará la curiosidad de nuestro protagonista para así hacernos conocer qué clase de microorganismos comparten estos extraterrestres con los humanos.

De Lagos hacia Rosalera pasando por interludios

Tade Thompson nos ofrece dos líneas temporales en las que se nos presenta el pasado, el presente y pequeños hechos que suceden entre estos tiempos. Habrá quien prefiera una estructura narrativa lineal, pero yo creo que le sienta genial el cambio de cronología y cómo la voz narrativa, de manera concisa, directa y fría, te plasma los sucesos. Con estilo ágil y de pura acción, las escenas se fusionan para llegar a un mismo punto común: el descubrimiento de la trama y qué hay detrás de cada personaje. La ambientación, la puesta en escena de la tecnología, la ciencia y la técnica que envuelve a la ciudad nos hace sentir cada paso que da Kaaro, cada pensamiento y cada sensación, de manera cínica, asocial y con cierta repulsión; podemos sentir, ver y escuchar como él. Y es que a Tade Thompson le va lo sensitivo en esta novela, y no iba a desperdiciar la oportunidad de tener un estilo basado en lo sensible mientras nos entremezcla lo mejor de la ciencia ficción y lo mejor de la novela negra. Los matices y el mensaje de Thompson son pura vida, posibilidad de convivir, conocimiento de lo diferente y que va evolucionando como un thriller político que se esconde en un cuerpo de filosofía, de esperanza y de justicia y que, con el avance de la lectura, se nos introducen pequeños datos de manera sutil mientras se va explorando las consecuencias que tendría la comunicación entre humanos y extraterrestres.

Misión: A la deriva de la insurrección

Rosalera deja muchísimas ideas desarrolladas y con cierto misterio no concluidas junto a un conjunto de personajes que, si bien no se han desarrollado en su máxima, consiguen dejarnos un rastro de quiénes son y qué es lo que buscan. Y esto nos lleva a su segunda entrega, La insurrección de Rosalera, en la que tras finalizar el primer volumen y acercándonos a ella, se espera más temas científicos y más drama político. ¡Y lo tenemos!

Nos vemos envueltos en el año 2067, un año después de los acontecimientos vividos y la narración empieza muy fuerte…

«No soy un asesino.
Me gustaría dejarlo claro, aunque esté limpiando mi pistola mientras comienzo esta narración, después de haber desmontado y limpiado mi fusil, con la intención de matar a un hombre.»

Preludio, página 9; La insurrección de Rosalera

Título original: The Rosewater Insurrection
Traductor/a: Raúl García Campos
Editorial: Alianza Editorial
Colección: Runas
Edición: Rústica con solapas
Revisión de las pruebas: Antonio Torrubia
Diseño de cubierta: Octavi Segarra

2067. Preludio al futuro. O al desastre

La bóveda alienígena está al borde de la saturación y no parece que mantenga su prosperidad mientras que el gobierno amenaza a la ciudad. Nos encontramos con una mujer que despierta un día y no recuerda nada de lo que pasó mientras estaba dormida y que, además, le vienen recuerdos del pasado de lo más insólito. Ajenjo sufre, y teme ser destruido.

Kaaro deja su papel protagonista y se lo cede a Aminat. Nos encontraremos con viejos conocidos y se nos introducirán nuevas caras a las páginas. Volvemos a tener a Femi (¡menos mal!), quien ya nos engatusó en la primera entrega y que aquí no hace más que demostrar cuánto es capaz de soportar y luchar siendo fiel a su moral y tocando un poco los cojones al resto del elenco. Por otro lado nos encontramos al alcalde que ha gobernado Rosalera en vista del bien común y que irá desafiando a la nación a la vez que declara la independencia de la ciudad.

En este segundo volumen nos encontramos con una narración más lineal que deja un poco más de lado los saltos temporales con apenas interludios. Y parece que es lo que piden los sucesos para que luzcan el máximo esplendor, puesto que los problemas políticos y la expansión alienígena van a necesitarlo para dar lugar a una ambientación variada llena de matices, que irá evolucionando conforme pasamos páginas. Mientras que en Rosalera la bóveda vivía y derrochaba encanto y fuerza vital, en La insurrección de Rosalera la bóveda se muere, la biodiversidad se expande y Ajenjo lucha por sobrevivir y por no ver caer a su civilización. Pero Tade Thompson nos recuerda que el eje principal de nuestro mundo es cómo cada cultura y cada progreso se alza y cómo este mismo puede caer para dar paso al siguiente nivel evolutivo. Tanto para bien como para mal.

La S45 no quiere matarte

Hemos vivido cómo Kaaro desconfiaba de la gente que quería reclutarlo para su causa, lleno de inseguridad y a la vez con suficiente voluntad y perseverancia en sí mismo como para no verse bajo el mandato de nadie. Pero también le hemos visto evolucionar, corregir sus malas ideas y ver cómo ha sido capaz de aprender de los errores propios y ajenos y así madurar.
La S45 guarda muchos secretos y quizá tengan unos métodos de reclutamiento un tanto agresivos, pero no quiere matar aunque sea eso lo primero que piensas. Su misión es ayudar a que evoluciones en tus capacidades de sensible y que así aportes tu parte para atrapar a delincuentes. Aminat es una mujer que esconde mucho, pero es sincera en lo que puede contarte. Quizá no te huela a trigo limpio, pero se preocupa por quienes le rodean.

Si Rosalera dejó el listón muy alto, su segunda parte lo deja aún más y solo queda ver cómo se desenvuelve la tercera y última parte de esta trilogía, que sin duda, promete mucho. Si mezclamos el estilazo de Tade Thompson con la delicada y maravillosa traducción de Raúl, tenemos un combo que nos explotará poco a poco para no dejarnos escapar de Rosalera. Atentos a la próxima apertura…

La mala mujer de Marc Pastor

Ganadora de la primera edición de los «Premis Crims de Tinta» en 2008, La mala mujer vuelve a estar disponible en castellano gracias a Alianza editorial, con una edición en rústica con solapas y una ilustración de cubierta a cargo de Octavi Segarra, a quien hemos visto en otros diseños de la editorial recientemente. Además, esta edición cuenta con un diseño interior e ilustraciones de Braño Matis.

Esta novela ambientada en la Barcelona de principios del siglo XX, en el Raval, nos cuenta que algunos hijos de prostitutas están desapareciendo. Los rumores señalan a un asesino que se pasea por los barrios más turbios a sus anchas, y, metiendo un poco el hocico al investigar, podría tratarse de una red de pederastia de la alta burguesía. Hay un detalle relevante en la forma de actuar de este asesino: en la muerte de un anciano vemos que ha sido mordido, que le han chupado toda la sangre que tenía dentro. Y ese anciano está relacionado con las desapariciones. Y es cuando vuelven a correr los rumores por los bajos fondos… Un ser sin escrúpulos, tachado como mujer, temible y un poco diablesa; con sed de sangre y buscando la inmortalidad eterna. Por otro lado, tenemos a Corvo y a Malsano, dos policías que se hacen cargo de este caso y que no dudan en usar todos los recursos de los que disponen para desmontar los rumores y conseguir atrapar a quien tiene la culpa. Irán recorriendo casinos, burdeles, tabernas y callejones, todo ello lleno de miseria y de corrupción moral. Entonces, recibirán la orden de detener su investigación antes de pasar la línea que les llevará hacia la muerte. Demasiado tarde. Es hora de pagar las consecuencias.

Título original: La mala dona
Traductor/a: Juan Carlos Gentile Vitale
Editorial: Alianza Editorial
Colección: Libros Singulares
Edición: Rústica con solapas
Diseño de cubierta: Octavi Segarra
Ilustraciones interiores: Braño Matis

«Ahora soy una voz en tu cabeza. O la plegaria de alguien a quien amas al borde de la cama, o un compañero de estudios que no sabe leer en silencio, o un recuerdo desenterrado por un olor. Soy hombre, soy mujer, soy viento y papel; un viajante, un cazador y una niñera.»

Capítulo 1; página 13

Un contexto noir

Marc Pastor nos presenta una historia que galopa a través del gótico y una fantasía urbana que, suceso tras suceso, noveliza los hechos más oscuros y terribles de la Barcelona del siglo XX. Una narración que se respalda y evoluciona mediante una investigación policial más que teorizada y realista. Y es que trabajar en la policía forense de los Mossos d’Escuadra abre muchas puertas para escribir un crimen basado en La Vampira del Raval, una leyenda que es canon en la Crónica Negra barcelonesa. Esta novela, que dio el empujón a su carrera como escritor para alcanzar el éxito y ser a su vez traducida a más de diez idiomas, podría ser una de las novelas negras más importantes y relevantes de los últimos años que hayan salido en nuestro país, puesto que cualquier obra no es capaz de meterte dentro de una ambientación llena de putrefacción y que, antes de pensar que estás ante una novela negra, captes los trazos de terror y fantasía que hay en las descripciones. El agujero narrativo (y digo agujero porque cada vez caes más y más en la oscuridad), expuesto por un narrador omnisciente, deja ver cuánto odio, cuánta pena y cuánto dolor puede llegar a tener un alma; descripciones que dejan rastros de angustia y maldad: «vosotros sois todo esto, con vuestras fantasías, miedos y pesadillas», como se nos dice en las primeras páginas. Poco a poco seremos los propios protagonistas de la historia; cada vez que dejamos de lado los diálogos, cada vez que apartamos a los protagonistas y escuchamos la exposición de sucesos reales desarrollados por el elenco de personajes, estamos más cerca de caer en las garras de una muerte dulce.

La Leyenda Negra

La vampira del Raval, que se hacía llamar Enriqueta Martí, se mudó a Barcelona para trabajar como niñera; pronto comenzó a adentrarse en el mundo de la prostitución en burdeles y otros lugares dedicados a esta práctica, como lo era el Puerto de Barcelona. En el año 1895 se casó con un pintor, Juan Pujaló, con quien no tuvo hijos, pero sí que tuvo una relación turbulenta y que terminó fracasando porque no dejó de lado la prostitución por su matrimonio. Enriqueta llevaba una doble vida: de día, mendigaba y pedía caridad; de noche, se vestía con ropas y accesorios de lujo y frecuentó el Teatro del Liceo y otros lugares similares donde la población privilegiada de la capital iban a pasar su tiempo.

Pensaréis qué tiene que ver esto con el libro… Pues bien: si nos ponemos en contexto histórico, si hablamos de la figura de Enriqueta, entenderemos más aún la novela de Pastor y veremos que, tanto ambientación como personajes o lugares, son totalmente reales. Atentos…

Enriqueta ofrecía sus ungüentos, pomadas, pociones y cataplasmas a las gentes de clase alta, que pagaba muy bien estos remedios con el objetivo de curar cualquier enfermedad, en especial la tuberculosis, que estaba en auge en esa época y a la que se le temía muchísimo. La curiosidad de estos remedios son sus ingredientes: sus compuestos se creaban por restos humanos de niños a los que previamente secuestraba y/o prostituía, y de ahí lo aprovechada casi todo (por no decir todo); sangre, grasa, cabellos o huesos (triturados hasta ser polvo)… Es muy fácil deshacerse de un cuerpo si sigues las clases didácticas de esta señora.
De que años más tarde la detuvieron y de que el Brigada Ribot junto a dos agentes encontraron a dos niñas secuestradas y ambas confesaron haber visto sacos de ropa manchada de sangre y haber presenciado cómo Enriqueta mataba a un niño en la mesa de la cocina, mejor hablamos otro día… El caso es que si nos ponemos a conocer la leyenda que hay detrás de la vampira de la calle de Poniente, si cogemos con pinzas los detalles más terroríficos y después leemos La mala mujer, veremos que Marc Pastor ha conseguido relatar una novela criminal con más realismo que ficción: el uso de remedios mágicos, las distintas desapariciones de las pequeñas cobayas o el robo de cadáveres o presentarnos a personajes que padecen la tuberculosis, solo son algunos rasgos que ayudan a complementar de manera extraordinaria este mito urbano.

«Estaba fascinada con el reflejo rojizo de la hoja del cuchillo. Demasiada sangre. Habría querido lamerla, pero aquella sangre estaba infectada. Había que acabar con aquello, pero sin que pareciera un matadero.»

Capítulo 7; página 131

Testificación

Imagina algo espeluznante, a la vez emocionante; puede que te dé terror puro. Imagina que te adentras en un callejón sin salida, o que entras a un bar a tomarte una copa, y lo único que encuentras es sangre derramada, miedo, advertencias. ¿Seguirías avanzando? A cada paso que das te acompaña una voz, una plegaria, que solo está en tu cabeza. A la vez es tu mejor compañía, pues al fin y al cabo, es alguien como tú, que busca esa bebida que te quema la garganta, el reflejo de la luz de la calle en la ventana; alguien que solamente busca algo que contar. La esencia de las cosas puede ser arte, puede ser lírica. En cierta manera, esta novela te hará sentirte así, sin querer salir corriendo, siendo un mero espectador de todo lo que ocurre a tu alrededor.

El día que Selma soñó con un okapi

Selma tiene un extraño don premonitorio que se ha manifestado pocas veces en su vida. Cuando Selma sueña con un okapi, la muerte acude en unas veinticuatro horas y se lleva el alma de un habitante del pueblo. Cuando eso sucede, a pesar de que Selma intenta guardar en secreto su sueño, la noticia corre como la espuma y hasta los incrédulos temen ser los señalados. De repente el miedo sacude la pequeña región imaginaria de Westerwald y los residentes lo afrontan de diferentes formas: algunos no salen de casa, otros escriben cartas con palabras que jamás fueron capaces de pronunciar,  otros miran hasta cuatro veces antes de cruzar la calle y otros declaran su amor prohibido. Selma y su nieta, que también posee otro peculiar don, se rodearán de historias que nos harán descubrir que tanto la muerte como el amor forman parte de la normalidad.

Título original: Was man von hier aus sehen kann
Traductor: Albert Vitó i Godina
Editorial: Seix Barral
Edición: Rústica con solapas

La fama repentina de Mariana Leky

Este libro fue elegido como la mejor novela del año en Alemania y ha conseguido el premio de los libreros independientes. Además, la misma escritora ha sido galardonada como mejor autora del 2017;  Mariana Leky (Colonia, 1973), que antes de convertirse en un gran fenómeno cultural fue librera, ha declarado que quizá fuese su trabajo la razón de esa extraña conexión con el lector.  Su sueño, que siempre fue escribir, se quedó un poco olvidado porque sus padres la presionaron para que estudiara una carrera con mayor porvenir. Así que hizo prácticas un par de años de biblioteconomía y finalmente se decantó por el periodismo cultural. Pero no olvidó su sueño.

Su novela se ha traducido a quince lenguas debido al éxito que obtuvo en Alemania y la crítica la ha etiquetado como autora de realismo mágico en versión germana y pese a ser una gran admiradora de Gabriel García Márquez, Mariana Leky cataloga su novela como realismo psicológico con ciertos toques de fantasía. En 2019 en una entrevista la escritora argumentó que «lo fantástico aquí es solo una idea disparadora de la que me siento muy orgullosa; una idea que me sirvió para indagar cómo reacciona la gente ante el pánico», y añade: «todos tenemos que convivir con la idea de que moriremos algún día», añade, «y esa conciencia vital hace a la gente más auténtica».

Mariana Leky no sueña, posa con un Okapi

El okapi, un animal africano que utilizó para los sueños premonitorios de la coprotagonista de su novela, lo vio por primera vez siendo una niña en un zoo de Colonia. La impresión que le dio fue la de una criatura que debió crear Dios en un momento de embriaguez, aunque le sirvió para escribir un libro con un personaje de una mujer que hubiera vivido algo horroroso en su infancia y que eso le llevara a confundir el amor con la muerte.  Y en su narración vemos transcurrir las diferentes reacciones de cada individuo a enfrentarse a la figura de la guadaña. La muerte finalmente llega y arrasa con todo lo que tiene su víctima y ese temor forma parte de nuestras vidas aún sin quererlo.

Una historia enternecedora

Luisa, la nieta de Selma, nos cuenta gran parte de su vida en unas trescientas páginas de emociones y sentimientos. Empieza contándonos cómo fue su infancia, que se crió con el afecto de su abuela y de otros habitantes del pueblo: su mejor amigo, un niño obsesionado con la halterofilia capaz de levantar cualquier cosa que encuentre a su paso; el óptico atormentado por un amor prohibido y secreto, la vecina que se gana la vida con artes arcanas… Poco a poco, se formará un elenco de personajes entrañables que enriquecen la narración y que nos hablan de hermosas relaciones humanas y situaciones que le pueden robar al lector desde una lágrima a una sonrisa. La lectura avanzará especialmente en su infancia y llegaremos hasta la edad adulta a la que dedica mucho menos tiempo.

En cuanto a la ambientación, nos encontramos con Westerwald, que es un pueblo apartado en el que todos se conocen y en el que los miedos son mucho más visibles; el miedo a amar y ser dañado, el miedo a morir y perderlo todo, el miedo a la soledad. O lo que es peor, el miedo a morir solo. Y es que, a pesar de ser un libro sobre la muerte y el amor, no es un libro triste sino todo lo contrario, y aunque es cierto que hay momentos muy emotivos, también tenemos fragmentos divertidos, mágicos y muy tiernos… Como la vida misma, que a veces nos da cal y otra arena. 

La magia que se palpa en cada página, la belleza de algunas situaciones o las relaciones de los personajes parecen salidos de la mano de un Gabriel García Márquez en Cien años de soledad o de Laura Esquivel en Como agua para chocolate. Se disfruta tanto de la lectura que temes el momento de llegar a la última página. Y cada uno de los personajes se queda arraigado en el corazón del lector para siempre. El día que Selma soñó con un okapi es una novela hermosa sobre el amor y el miedo a morir, que como diría Freud: «si quieres vivir, prepárate para morir».

Estaba seguro de que no le arrancaría la vida de cualquier manera, sino que más bien se adueñaría de ella con sumo cuidado. Se imaginaba a la muerte llamando discretamente a la puer­ta, abriéndola apenas un resquicio y preguntando: «¿Pue­do…?». «Por supuesto — respondería Häubel —. Adelante, por favor.» Y la muerte entraría, se plantaría frente a la cama del granjero y preguntaría: «¿Le parece bien ahora? Si le molesto, puedo volver a pasar en cualquier otro mo­mento».

Fragmento, página 29

Gaspar Desencadenado: el final

La historia de Gaspar Desencadenado #1 se empezó a publicar por entregas. A día de hoy, hemos leído las tres entregas y ¡qué maravilla! Desde luego que tendremos que seguirle la pista a Sergio Mullor en futuros trabajos. Pero, mientras tanto, centrémonos en lo que tenemos ahora: la última entrega de una historia que nació en una Navidad cualquiera…

Interior del palacio


Melchor se había apostado en lo alto de uno de los minaretes. Desde allí tenía un excelente ángulo de tiro. En el visor de su rifle apareció un reno. Disparó y el trineo se estrelló poco después contra el suelo. Madera y elfos se esparcieron por doquier. Otro reno se puso a tiro. Era Rodolfo, su roja nariz lo hacía inconfundible. Su trineo, sin embargo, estaba vacío y se alejaba de aquel sinsentido. Contuvo el aliento con el dedo en el gatillo. Soltó el aire y buscó otro objetivo. Entonces se dio cuenta de que un elfo gesticulaba allá abajo y no dejaba de señalar su posición.
―Mierda. ―El Rey Mago dejó el rifle y salió cagando leches del minarete justo antes de que volara en pedazos.
La onda expansiva le tiró sobre la azotea bajo una lluvia de cascotes y esquirlas de piedra. Dos pisos por debajo, Gaspar disparaba parapetado tras una ventana, ajeno a la suerte de Melchor.
―¡Vamos, hijos de puta, os estoy esperando! ―Acompañó sus risas histéricas con una ráfaga de la metralleta.
Había cuerpos por todas partes. Elfos, pajes, renos y hasta camellos. Los gritos de los moribundos quedaban sofocados a ratos por el estampido de las armas. Se escuchó otra explosión y el palacio se estremeció.
―¡Han abierto brecha! ―gritó alguien en la entrada.
Gaspar soltó otra carcajada, tiró la ametralladora y desenfundó sus revólveres.
―¡Venid con papá, cabrones!
Baltasar defendía la entrada por la que se colaban los elfos. Fumaba un puro mientras disparaba tras aquella improvisada barricada. Le salpicó la sangre de un paje a su lado, que se desplomó con un feo agujero en la cabeza. Le acertó a un elfo en el pecho antes de tener que cubrirse por la ráfaga de balas que le devolvieron. Pegó una última calada al puro, saboreándolo.
―Pues hasta aquí hemos llegado, mi negro. ―Arrojó el puro a un lado y se puso en pie disparando sin descanso. Uno, dos, tres, cuatro elfos cayeron bajo sus balas. Acertó a un quinto antes de sentir un picotazo en un hombro. Luego otro en el muslo. Y, después, muchos más por todo el cuerpo.
Alabastro pasó por encima del cadáver de Baltasar, no sin antes darle un tiro en la cabeza por si las moscas. Aquello era un caos. Elfos y pajes morían y mataban sin orden ni concierto. No sabía cuántos de los suyos quedaban en pie. Y a estas alturas, le importaba una mierda. Había visto a Melchor en la azotea y ese era su único objetivo. El cabronazo se había salvado de milagro cuando voló el minarete, pero estaba dispuesto a acabar el trabajo. Los cinco elfos que aún aguantaban a su lado se desplegaron hacia las escaleras. El que iba en cabeza ni se enteró de que le habían matado. Gaspar hizo su aparición sembrando muerte entre carcajadas dementes. Alabastro se puso a cubierto con un balazo en un brazo.
―¿Eso es todo lo que tenéis, elfos de mierda? ―Gaspar remató al último ayudante que quedaba vivo. Solo faltaba el cabrón que se escondía tras el piano del salón. Una bala pasó silbando muy cerca―. ¡Da la cara, pequeño hijo de puta!
Alabastro estuvo tentado de hacerle caso, pero antes de decidirse, un tiroteo fuera del palacio llamó la atención de Gaspar y se lo llevó de allí. Jadeó con dolor, palpándose la herida del brazo. Y, cuando se puso en pie, se dio cuenta de que también le habían dado en una pierna. Renqueando, enfiló las escaleras.
―Voy a por ti, Melchor ―gruñó entre dientes.
Ajeno al ángel vengador que subía como podía a la azotea, Melchor aún seguía tumbado allí donde le había empujado la explosión. Le zumbaban los oídos y estaba magullado. A pesar del sonido de los disparos, cada vez más escasos, y de los lamentos de los moribundos, también cada vez más escasos, el Rey Mago no podía sacarse de la cabeza un villancico.

Silent Night


No conseguía recordar de quién era. No es que importara mucho, pero le molestaba comprobar que su memoria ya no era la de antaño. Cuando eran jóvenes y Papá Noel sólo un desconocido. Habían tenido una buena vida, no lo podía negar.


Holy Night

Pero, en fin, todo terminaba, antes o después. Nunca había pensado que sería así, masacrados en una guerra absurda. Suponía que todo acabaría para ellos cuando la magia y la ilusión, cada vez más exiguas, desaparecieran del mundo. El día en que los niños dejaran de creer en ellos y les olvidaran.


All is calm


Aunque quizá era lo mejor. A medida que pasaban los años, tenían menos sentido en un mundo en el que la tecnología era la reina y la ciencia su religión. Escuchó un ruido, como de alguien arrastrándose. Se incorporó y vio aparecer a Alabastro. El elfo estaba pálido por la pérdida de sangre, se sujetaba un hombro mientras cojeaba de una pierna.


All is bright

―Así que vas a ser tú el verdugo, mi querido Alabastro ―le saludó Melchor, alzando las espesas cejas blancas―. Estás hecho un asco, amigo mío.
―Cierra la puta boca. ―El elfo renqueó hasta quedar a un metro escaso del Rey Mago.


Round yon virgin Mother and child


―No espero que te lo creas, ni que vayas a cambiar de opinión, pero si te sirve de algo, yo no quería nada de todo esto ―confesó Melchor.


Holy infant so tender and mild


―Le dejasteis como un jodido colador ―al elfo se le quebró la voz. Alzó el brazo sano y apuntó a la cabeza del Rey Mago. Melchor cerró los ojos.


Sleep in heavenly peace


Alabastro apretó el gatillo. Sonó un click. Y nada más. El elfo miró incrédulo su pistola. Repitió la operación una y otra vez, con el mismo resultado. El juramento que estaba a punto de soltar murió en sus labios, arrastrado por la bala que le brotó de la frente. Su cuerpo sin vida se desplomó a los pies de Melchor.
―¡Me he cargado hasta el último jodido elfo! ―bramó Gaspar―. ¡Que os den por culo, cabrones!
Melchor no daba crédito ante el buen estado del otro Rey Mago. Un par de rasguños y poco más, con la que había caído ahí fuera. Aceptó la mano que le tendía para ponerse en pie y se limpió el polvo de la túnica. Gaspar parloteaba sin descanso, contándole cómo había matado a tal o cual elfo.
―La mala noticia es que Balta ha muerto. Le acribillaron los muy cerdos.
―¿Eres consciente de que nada de esto hubiera pasado si no te hubieras cepillado a Santa Claus?
―Bueh, no me vengas con monsergas, coño. Nos hemos cargado a la competencia. —Soltó una risa en la que no había alegría alguna—. Había que hacerlo, lo sabes bien.
―Ya. Y esto también hay que hacerlo. ―Melchor le disparó a bocajarro, sin más contemplaciones. Gaspar tuvo tiempo de mirarse el agujero en el pecho, del que brotaba la sangre, antes de derrumbarse con la sorpresa dibujada en su rostro muerto.


Sleep in heavenly peace


Melchor bajó de la azotea y salió del palacio. Ajeno al fuego que ardía o a los cadáveres tirados por todas partes. Se alejó, caminando sin prisa por la arena del desierto. Hasta que el horizonte se lo tragó, como si nunca hubiera existido.